Los viajes en metro me aturden

Foto: Álvaro Lassaletta

Hasta hace poco no he llegado a entender realmente por qué los viajes en metro me agotan.

Hace varios años, cuando tenía problemas de movilidad y me fatigaba en seguida, pensaba que el cansancio era físico, que se debía a no estar en forma y que un viaje en metro con transbordo era un sobreesfuerzo. Pero ahora que tengo una mayor resistencia física me doy cuenta de que esta fatiga tiene que ver, sobre todo, con algo cognitivo.

Mi viaje en el metro me aturde porque mi cerebro no filtra la información. Escucha todo a la vez, y son demasiados inputs, demasiada información auditiva, visual, sensorial al mismo tiempo No puedo tener una conversación con alguien en el metro en la que me tengo que concentrar, porque estoy escuchando todas las conversaciones que hay en el vagón de fondo, oigo el chirrido del vagón sobre los raíles, oigo el ruido de la puerta al abrirse y cerrarse, la voz por los altavoces que anuncia la próxima parada, la tos de mi vecina, y no puedo atender a ninguna en concreto porque oigo todo a la vez. Normalmente el cerebro filtra y discrimina y prioriza lo más importante. El mío no. Y eso es muy cansado.

 

 

 

¿Dónde está Aurora?

Foto: Álvaro Lassaletta

Me doy cuenta de que la mayoría de nosotros asociamos el daño cerebral a algún daño físico externo.

Cuando no existen daños físicos evidentes o no son visibles muchas personas no tienen en cuenta que puede haber otras limitaciones internas, cognitivas.

Para conseguir la derivación desde mi centro de salud al centro de rehabilitación neuropsicológica necesitaba varios informes de especialistas, al igual que un informe de la trabajadora social. Yo estaba en la sala de espera del centro de salud delante del despacho de la trabajadora social y al entrar en su despacho me preguntó: “¿Quién es Aurora?”. Yo pensé que era una pregunta existencial y profunda y me quedé desconcertada y bloqueada sin contestar. Entonces me preguntó:

-“¿Dónde está Aurora? ¿Por qué no ha venido?”.

– “Soy yo”, le dije.

– “¡Ah, eres tú!, no creía que fueras tú”. Me di cuenta de que buscaba a una persona con un daño más visible.

Algo similar me ocurrió en la piscina el otro día. Voy a piscina con el Club de deporte para DCA en un polideportivo municipal. En la calle de al lado había varias personas y una de ellas protestaba vehementemente porque en nuestra calle éramos menos y se pasó a nuestra calle. Al llamarle la atención la monitora y decirle que ella tenía que volver a su calle, porque nuestra calle estaba reservada para un club de deporte especial ella en seguida vino a mí y me dijo: ¿A que tú no eres de este club? ¿A que tú no necesitas monitora?. Yo le expliqué que yo también pertenecía al club y que sí que necesitaba la guía de las personas especializadas.

¿Por qué tenemos que estar todo el día justificando o dando explicaciones sobre algunas de nuestras limitaciones?

¡Que no se vean desde fuera no significa que no existan!