Aceptar no es resignarse

Foto: Álvaro Lassaletta

El camino de la aceptación del daño cerebral adquirido es largo, a veces es llano y liso, otras es cuesta arriba, en ocasiones se convierte en terreno pedregoso en el que la mochila pesa demasiado y en otras nos encontramos en una subida del camino que nos permite mirar con perspectiva todo lo que hemos recorrido ya.

Casi siempre al llevar los “grupos de aceptación” como voluntaria con personas con DCA me he encontrado dentro del grupo con algunos participantes a los que no les gustaba nada el nombre. Me decían que “aceptar” les sonaba a “resignarse con lo que hay”, como un concepto estático sin posibilidad de avanzar. Cuando les preguntaba con qué nombre les gustaría describir el proceso de aceptar las nuevas limitaciones, recuerdo buenas propuestas como “Gestionar el cambio” , “Grupo de conciencia”, “Mi vida aquí y ahora”.

Independientemente del nombre la aceptación es dura pero fundamental en el proceso de rehabilitación y recuperación y en la adherencia al tratamiento. Pero para mí la aceptación no es algo estático. Cuando hablo de aceptación hablo de aceptar en cada momento lo que hay, las limitaciones con las que contamos en ese momento. Por mi experiencia esa ha sido la clave para una mejor recuperación. Durante mucho tiempo no aceptaba algunas secuelas e intentaba ignorarlas, pero eso al final me pasaba factura. El conseguir mirar de frente a cada etapa me ha ayudado a centrarme en la recuperación. El aceptar las secuelas que tengo hoy no quiere decir que me resigno a pensar que serán las definitivas. Quiere decir que si hoy acepto lo que me pasa hoy la recuperación sigue su curso de manera fluida. Puedo hablar de esto después de un aprendizaje largo de años y de pelearme mucho con lo que me pasaba. Animo a la esperanza, a no resignarse, porque se puede seguir avanzando durante mucho tiempo, sobre todo si nos centramos en el presente y nos proponemos objetivos realistas.

El daño es menos invisible cuando nos reconciliamos con él.

 

Matemáticas para evitar el cansancio

Foto: Álvaro Lassaletta

Uno de mis síntomas más estables y que, aunque mejore, siempre me acompaña es la fatiga. Tras cualquier actividad física moderada, pero sobre todo, después de una actividad cognitiva intensa la fatiga aparece. En distinta graduación, según la actividad.

Es gracioso, en el colegio yo era de “letras puras”, pero actualmente estoy desarrollando al máximo mi capacidad matemática, para poder evitar el cansancio.

Para poder cumplir mis objetivos en el día a día y que la fatiga no me haga cancelarlos tengo que trabajar mucho la ANTICIPACIÓN, si no estoy perdida. Siento que tengo una cantidad de energía mucho menor y limitada. Me ayuda imaginarme mi energía como una caja de dominó, con sus 26 fichas… y tengo que calcular muy bien en qué las empleo y cómo las reparto para que no se me gasten todas de golpe.

Si quiero escuchar una conferencia interesante, para la que quiero estar atenta y con la cabeza despejada sé que tengo que llegar pronto, no viajar en metro, irme a las primeras filas y ponerme en un asiento del centro, para evitar que los ruidos de personas entrando o saliendo me distraigan.

Muchas veces si veo que mi cerebro se empieza a saturar tengo que abandonar una actividad antes de que termine. Al principio esto me frustraba mucho, sobre todo si era algo grupal y tenía que dar muchas explicaciones sintiendo que los demás no llegaban a entenderlo. Actualmente, aunque a veces siga siendo frustrante, lo conozco, lo entiendo y ya no aspiro tanto a que lo entiendan todos.

Un año y medio después de escribir este post me doy cuenta de cómo el cansancio sigue siendo el nuevo “amigo” con el que he tenido que aprender a convivir.

La alegría de volver a sentirme útil después de un DCA

Foto: Álvaro Lassaletta

Esta semana una amiga me ha dicho que tengo un brillo especial en los ojos. Y sé que tiene que ver con haber vuelto a retomar mi tarea profesional, aunque sea en dosis pequeñas.

Es verdad que ahora como psicóloga no puedo ver ocho pacientes diarios ni llevar tres grupos semanales. Mis nuevas limitaciones en la atención, la organización mental y la fatiga no me lo permiten. Pero sí puedo dedicar mi energía a uno o dos grupos semanales de una hora de duración. Y me llena de alegría y de ilusión el poder sentirme útil de nuevo. He aprendido mucho en estos últimos doce años, sobre todo acerca del camino de la aceptación de mi nueva situación, de las secuelas que persisten y de mi nueva identidad. Comparto mi aprendizaje, retomando mis habilidades como psicóloga voluntaria, en los grupos semanales con personas a los que de repente un día una especie de “terremoto” cambió su vida, como me pasó a mí,. También aprendo mucho escuchando y comprendiendo el proceso individual y el ritmo de cada persona. Me parece que es muy importante poder encontrarnos entre “iguales”. Eso nos da fuerza y nos hace ver más claro el horizonte.

Estoy segura de que cada uno desde su lugar puede hacer algo o retomar algo con lo que se siente útil.

¿Qué haces o crees que puedes hacer para sentirte un poco útil?

Ahora, año y medio después de escribir este post creo más aún en la importancia de sentirse útil y seguir aportando y aprendiendo cada día.

¿Dónde está Aurora?

Foto: Álvaro Lassaletta

Me doy cuenta de que la mayoría de nosotros asociamos el daño cerebral a algún daño físico externo.

Cuando no existen daños físicos evidentes o no son visibles muchas personas no tienen en cuenta que puede haber otras limitaciones internas, cognitivas.

Para conseguir la derivación desde mi centro de salud al centro de rehabilitación neuropsicológica necesitaba varios informes de especialistas, al igual que un informe de la trabajadora social. Yo estaba en la sala de espera del centro de salud delante del despacho de la trabajadora social y al entrar en su despacho me preguntó: “¿Quién es Aurora?”. Yo pensé que era una pregunta existencial y profunda y me quedé desconcertada y bloqueada sin contestar. Entonces me preguntó:

-“¿Dónde está Aurora? ¿Por qué no ha venido?”.

– “Soy yo”, le dije.

– “¡Ah, eres tú!, no creía que fueras tú”. Me di cuenta de que buscaba a una persona con un daño más visible.

Algo similar me ocurrió en la piscina el otro día. Voy a piscina con el Club de deporte para DCA en un polideportivo municipal. En la calle de al lado había varias personas y una de ellas protestaba vehementemente porque en nuestra calle éramos menos y se pasó a nuestra calle. Al llamarle la atención la monitora y decirle que ella tenía que volver a su calle, porque nuestra calle estaba reservada para un club de deporte especial ella en seguida vino a mí y me dijo: ¿A que tú no eres de este club? ¿A que tú no necesitas monitora?. Yo le expliqué que yo también pertenecía al club y que sí que necesitaba la guía de las personas especializadas.

¿Por qué tenemos que estar todo el día justificando o dando explicaciones sobre algunas de nuestras limitaciones?

¡Que no se vean desde fuera no significa que no existan!

Auto mensajes para los altibajos emocionales en el DCA

A pesar de haber convivido más de 13 años con los altibajos emocionales aún no me acostumbro a ellos. Por lo menos me tranquiliza saber que son bastante frecuentes en personas con DCA, por lo que he compartido con muchas de ellas. Y, por supuesto, son frecuentes en todo el mundo. La diferencia es que para nosotros tiene un extra de desconcierto y falta de herramientas, sobre todo cuando existe un cambio importante en cuanto a cómo eran antes de nuestra lesión cerebral.

Inevitablemente me voy habituando a la frecuencia de estos altibajos emocionales a la fuerza, y los de alrededor no tienen más remedio que habituarse también.

Me acuerdo de los altibajos emocionales sobre todo cuando son bajos emocionales. En los altos, como estoy tranquila y contenta, no me acuerdo de que también son solo una fase. Porque creo que esa está siendo la clave para entenderlos, saber que son pendulares, es decir son fásicos, vienen y van. El saber que no son lineales me ayuda mucho a no quedarme tanto en el bucle.

Este año he descubierto que tolero estos altibajos un poco mejor al utilizar auto mensajes.

Mis autos mensajes hacen justo referencia a este carácter transitorio de las crisis. Un bajón emocional puede llegar porque me entristezca mucho una situación, ya sabemos que la gestión de los sentimientos está algo tocada después de una lesión cerebral. O puede llegar después de una situación que antes estaba acostumbrada a resolver de forma rápida y eficaz y ahora siento que me faltan los recursos. Sé que si hay una presión de tiempo o una tensión emocional me bloqueo y no puedo tomar decisiones rápidas acertadas. Pero aunque me lo sepa en la teoría cuando se da esa situación ese bloqueo me hace sentir muy mal Y me deja con el ánimo por los suelos.

Hasta ahora, en muchos de esos momentos no conseguía distanciarme de la emoción y observar de forma tranquila la situación. Pero con los autos mensajes justo hago esto, desde fuera poder tranquilizarme a mí misma. Yo soy la misma persona que está sintiendo la emoción y también la que la observa.

Cuando entro en un momento de crisis porque me quedado bloqueada sin poder tomar una decisión, o me invaden sentimientos negativos y de desesperanza al sentirme impotente ante una situación que siento que ahora no puedo resolver me tranquilizo con mensajes como:

Aurora tranquila. Acuérdate de que esto ha pasado más veces, que no es el fin del mundo, y que después se pasa”.

Esto puede parecer una tontería, pero el haber podido conseguir este año distanciarme de mi misma y darme esos mensajes me ayuda a no entrar en un bucle negativo y suavizar ese sentimiento de impotencia, esa sensación de que no voy a poder salir de la situación.

Aurora tú tienes las herramientas, las has utilizado otras veces, pero en este momento de bloqueo no se te ocurren. Tranquila. Cuando estés más tranquila ya se te ocurrirán. Te ha pasado más veces, ésta no es la primera vez, y siempre consigues resolver las situaciones mejor o peor, pero consigues resolverlas. Tranquila”.

Estoy contenta porque al final soy yo la que me ayudo a mí misma. En esta nueva etapa de la vida de nuevas dependencias adquiridas el encontrar una auto herramienta me resulta muy enriquecedor. Os la recomiendo: buena, bonita y barata. ¡No perdamos el sentido del humor!

¿Mejoramos o interiorizamos herramientas? La recuperación post DCA

Este año tuve un momento de motivación enorme pensando que había mejorado mucho, incluso que mis limitaciones eran anecdóticas y que a lo mejor me podía incluso plantear volver a un ritmo y a un trabajo más parecido al de antes del DCA.

Esta emoción se debió a que el mes de mayo para mí fue un mes muy activo en el que me volvía a sentir más cerca de la profesional que era, y en el que se juntaron varias actividades que me entusiasmaron. Era la primera vez que volvía a un congreso después de 13 años. Sentía que podía seguir en parte, a diferencia de hace años, las ponencias del congreso, que mi mente funcionaba de forma más rápida y se me ocurrían preguntas al hilo de lo escuchado, y se las pude a hacer a algunos ponentes, incluso en inglés, en ratos tranquilos. Después le siguió una presentación del libro en Pamplona, una presentación en el Colegio de Psicólogos de Madrid, y una ponencia en las Jornadas de Enfermería Neurológica.

En un primer momento solo observaba los hechos. ¡Había conseguido realizar esas actividades que me habían agotado un poco pero había podido resolverlas con éxito! Y eso para mí significaba casi que era la de antes. Una vez más la falta de conciencia de los déficits…

No se me ocurrió pensar también que ese mes había estado más descansada, ya que mi hijo pequeño había estado fuera, (el mayor es más independiente y le gusta cocinar) y no había tenido que ejercer tanto de madre ni llevar la organización de la casa como en otros momentos. No me di cuenta tampoco que aunque pareciera que las actividades se habían dado bien de forma espontánea las había preparado desde hacía tiempo para que salieran lo mejor posible. Las había programado cada una en una semana diferente con un largo espacio entre ellas y había cuidado varios detalles para que no se diera en mi mente una saturación de recursos.
No me acordé de que para las actividades que eran fuera había buscado unos sitios para dormir específicos tranquilos, no me había ido a casa de los amigos, para asegurar mi máxima descanso y poder afrontar estas actividades intensas en el mejor de los estados.

El mes siguiente, junio, fue un mes muy estresante para mí. Ya estábamos todos en casa, además de un invitado extranjero, y continuaba con mis actividades de los grupos. Además creo que también en este mes salió todo el cansancio del mes anterior. Y estaba enfadada conmigo misma y me lanzaba mensajes como de: “Pero si tú ya puedes hacerlo. Lo has demostrado en el mes de mayo“. En este mes fui realmente consciente de las limitaciones. Incluso me daba cuenta de que no podía hablar inglés con el invitado que teníamos en casa. Esta vez, sin embargo, me había metido en demasiados frentes y no me había preparado para ello, lo que lo convertía en un mes en el que sentía que no podía llevar a cabo las actividades mínimas.

Sin embargo ahora viéndolo con distancia me he dado cuenta de que sí, en general he mejorado a lo largo de estos 13 años y mucho, sobre todo en atención. Y contrastándolo con profesionales soy ahora consciente de que el éxito de las actividades del mes de mayo no solo se debía a una mejoría general sino a la interiorización de las herramientas aprendidas. A lo largo de los años he ido incorporando herramientas que para mí ahora son vitales y no era ni siquiera consciente de ello. Las he interiorizado.

El haberme hecho consciente de esto ha hecho que ahora en vez de estar enfadada, como me ha pasado durante el mes de junio por sentir que en realidad no había mejorado tanto, enfoque mi energía en aprender nuevas herramientas, sabiendo que repitiéndolas mucho con el tiempo acabo interiorizándolas y pasarán a ser parte de mi nueva identidad.

Bye, bye to the Big Picture!! (la atención por partes)

https://youtu.be/IjYDnawa_oU

Ayer tuve la suerte que encontrarme con una invitación de último minuto a un espectáculo de danza que disfruté muchísimo. Si vivís en Madrid os lo recomiendo, los 30 años de danza de Victor Ullate. Pero también me di cuenta de que podría no haberlo disfrutado tanto, como me había pasado en anteriores ocasiones en espectáculos de ópera, danza o incluso teatro . Y lo disfruté y sé que seguiré disfrutando en futuras ocasiones gracias a lo que entendí ayer al poco tiempo de empezar la representación. Y tiene que ver con la atención.

Me daba cuenta de cómo en distintas circunstancias de mi vida pasan las mismas cosas. Actualmente estoy trabajando en sesiones de neuropsicología mis limitaciones a la hora de tomar decisiones, por mi dificultad para tener una visión global. Y ayer tuve un insight al darme cuenta de que lo que me pasaba en el teatro era lo mismo, que tampoco conseguía tener una visión global del escenario. Como dicen en inglés no lograba tener “the Big Picture”.

Nada más comenzar el espectáculo empezó mi agobio. Si toda la escena no era simétrica y había distintas acciones en el escenario yo no podía seguirlo y me estresaba. De repente me di cuenta de que eso era lo que me agobiaba en otras ocasiones, pero que yo no era consciente del problema. Igual que solo puedo ver la realidad de forma compartimentalizada al tomar decisiones eso mismo me pasaba en el escenario. Solo podía ver algunas escenas del conjunto, pero había perdido la capacidad de salirme de una escena concreta para tener una visión global.

Entonces deje de estar agobiada al tomar la decisión de disfrutar de las pequeñas escenas. Y disfruté muchísimo. De lo pequeño. Sabía que me perdía lo grande, pero encontraba pequeños detalles de belleza que me emocionaron. Disfruté tanto que, por primera vez, me entraban ganas de ver de nuevo el espectáculo para poder disfrutar de otras escenas no vistas. También porque ayer todo iba demasiado rápido como para poder interiorizarlo. Y mi procesamiento de la información es ahora más lento, por lo que pensé que ya que no podía verlo en cámara lenta me encantaría ver de nuevo el espectáculo y poder captar muchas más cosas.

Por desgracia no tenían en cuenta ayer a las personas con discapacidad en la reducción del precio para las entradas. Y además de reclamar esto yo me atrevería a proponerles el que nos dejaran repetir el espectáculo otro día a personas con DCA, para poder procesar más información. ¡Seguro que nos permiten una promoción 2×1!.

Más tranquila he pensado que seguro que a otras personas sin DCA les pasaba el no haber interiorizado todas las escenas, que no consiguen atención plena y que tanta auto-observación está pudiendo conmigo. ¡Necesito unas vacaciones de mí misma!

 

Reseña profesional del libro – Carla A. Carvalho Gómez

Reseña de “El Daño Cerebral Invisible”. Escrita por Carla A. Carvalho Gómez. Graduada en Psicología. Formación de Postgrado en Neuropsicología. Docente en Instituto Europeo de Neuropsicología y en la Universidad CEU Cardenal Herrera. Fundadora y Directora de Hablemos de Neurociencia

El libro Daño Cerebral Invisible de Aurora Lassaletta llegó a mí, como se suele decir, de pura casualidad. Me encontraba realizando un pequeño curso sobre Daño Cerebral Adquirido para el Instituto Europeo de Neuropsicología cuando de la nada apareció el libro de Aurora. Recuerdo que el título me impactó tanto que, sin apenas pensarlo, dejé todo lo que estaba haciendo y comencé a investigar sobre él y, como no, la autora.

Topé con su web y comencé a leer todo lo que en ella había recogido. Cada post me sorprendía más que el anterior, no sé cuántas horas pasé navegando por este portal.

Sin pensarlo decidí comprarme el libro. Si, soy de esos afortunados que tienen una primera edición entre sus manos. Apenas tardé un par de días en leerlo y es que, bajo mi punto de vista, la historia de Aurora es una historia de superación de esas que pocas veces se cuentan.

Y ahora, con el libro en mis manos, por fin comprendo muchas de las cosas que mis profesores trataron de explicarme durante mis años de carrera y ahora yo trato de transmitir a mis alumnos; y es que en muchas ocasiones los déficits que sufren las personas con Daño Cerebral Adquirido pocas veces se pueden explicar con palabras.

¿Cómo vas a explicar a tus alumnos qué es un déficit atencional, si todavía en el siglo XXI siguen existiendo dudas de lo qué es y no es la atención? Y ya, si nos metemos en el terreno de las Funciones Ejecutivas, la cosa pinta tremendamente oscura. Sin embargo, con el libro de Daño Cerebral Invisible muchas de estas dudas pueden ser solventadas ya que Aurora describe a la perfección muchos de los déficits que sufren estos pacientes.

Pero aquí no acaba todo. Quizás y, el más importante aspecto del libro es que éste está redactado en primera persona, siendo Aurora la protagonista de su propia historia, quien sin comerlo ni beberlo, como consecuencia de un grave accidente de tráfico el pasado 2005 sufrió el terrible y tan prevalente en nuestra sociedad Daño Cerebral Adquirido.

Además, su experiencia en el terreno clínico sirve para saber poner a cada cosa su nombre, sin pie a las interpretaciones; pues antes del fatídico suceso Aurora Lassaletta desarrolló su trabajo como Psicóloga Clínica (vía P.I.R) en múltiples dispositivos de Salud Mental; lo cual resulta un aspecto esencial y clave para comprender las alteraciones cognitivas que acompañan a los Traumatismos Craneoencefálicos; subtítulo de su obra.

¿Y no estamos hartos los profesores de decir a nuestros alumnos que el trabajo del neuropsicólogo es un trabajo de campo? Un trabajo del campo hospitalario, de consulta, de gabinete, etc. Un trabajo alejado de despachos y aulas; porque la verdadera Neuropsicología, como decía Pablo Duque durante mis clases de postgrados, se aprende acompañando al paciente en su día a día, así de simple. Tan simple que, por más sencillo que parezca a veces olvidamos.

Con este libro, bajo mi perspectiva, podrás acercarte a este campo del que antes hablaba y te permitirá estar un paso más cerca de la realidad de pacientes y familiares con Daño Cerebral Adquirido, alejándote de las extensas teorías entorno a esta patología.

Por lo tanto, si tu objetivo es seguir creciendo como alumno y, como no, como profesional del campo, os animo a lectura de este libro, el cual estoy segura de que no os defraudará y os permitirá seguir aprendiendo acerca de este apasionante mundo como es la Neuropsicología.

Lo esencial es invisible a los ojos del hombre

El Principito

APRENDER A DISFRUTAR DE LAS VACACIONES DESDE MI “NUEVO YO”

Este año estoy disfrutando más de las vacaciones que en los últimos años, en los que las vacaciones también llevaban para mí un componente de estrés importante. Y es que este año me lo he propuesto como un reto: “ disfrutar de las vacaciones”. Puede sonar raro desde fuera, porque las vacaciones son para disfrutar, y si le cuento a alguien externo lo que hago en vacaciones nadie, en un principio, puede entender por qué no disfruto. Pero lo de disfrutar tiene que ver, como casi todo en este proceso, con la aceptación. Cuanto más acepte mi nuevo “yo” más voy a disfrutar. Preciosa suena la teoría… Pero esto también supone un trabajo.

 

Planificar, tener en cuenta la saturación por ruidos, recordar que no soy capaz de tener atención dividida, no olvidar mis lesiones físicas, la hipersensibilidad al ruido y a la luz, organización de la vida diaria, comidas y ritmos en un entorno nuevo, convivir con mi cansancio…

 

Las vacaciones ahora tienen otros elementos nuevos que tengo que tener en cuenta: anticipar, encontrar herramientas que vayan a suplir algunas situaciones difíciles, estar física y emocionalmente preparada para momentos estresantes y sobre todo practicar mucho la herramienta del “ZOOM”. No ver el detalle negativo como un todo, sino practicar el tomar distancia, acordarme todo lo positivo que tengo y que hay en la situación y volver a valorar.

 

Antes me apuntaba a un bombardeo. Si me decían: “A que no te vienes conmigo mañana en coche a recorrer Europa con un saco de dormir, un aislante, y una mochila pequeña” yo decía: “¡Voy!”. Es verdad que ahora tengo más años y la espalda un poco tocada para dormir en el suelo, pero la actitud subyacente sigue existiendo en mí. ¡Quién me iba a decir que ahora necesito las rutinas!. Sin embargo ahora es muy diferente. Soy otra, y cuanto más lo tenga presente más voy a poder disfrutar de la situación. 

 

Ahora tengo que anticipar qué equipaje voy a necesitar y prepararlo con listas o con antelación, porque ya no tengo esa capacidad de improvisación que tenía antes. Así que ese primer impulso tiene que ir acompañado de una previsión, lo cual es contradictorio. Impulso y previsión no pueden ir juntos. Conclusión: tengo que planificar mis vacaciones. Es verdad que seguramente lo tendría que hacer de todas maneras porque ahora tengo una familia, pero la obligatoriedad de la anticipación es lo que hace que tenga más peso para mí.

 

Me subo al coche y en seguida aparece mi limitación de no conseguir la atención dividida. Los demás ponen música y además quieren hablar al mismo tiempo. Esta situación que normalmente me produce tensión y que me agota ahora la tengo asumida. Les digo a los demás que luego hablaremos, me pongo tapones en los oídos para hacer el viaje tranquila y si necesitan que haga de copiloto les pido que quiten la música. ¡Primer paso del viaje resuelto con menos tensión que otros años!

 

Hay que hacer una parada. Me doy cuenta de que las áreas de servicio en carretera están más adaptadas a las personas con dificultades en la movilidad que hace años. Pero, ¿alguien se ha dado cuenta de que hay otras limitaciones, más invisibles, que nos afectan a muchos y que no se tienen en cuenta?. Me refiero al ruido ensordecedor que hay en las cafeterías, comedores, de voces altas, tazas chocando, cuchillos golpeando el plato… y todo en un monoespacio…., una luminosidad excesiva, demasiados estímulos muy intensos a la vez.  Este año lo estaba pasando tan mal tomándome el bocadillo de mitad de camino en uno de estos sitios que en vez de enfadarme y ponerme nerviosa decidí una vez más desconectarme sacando mis tapones de los oídos, sonreír a la familia, y refugiarme en mis pensamientos interiores. Pensé en llevarme el bocadillo fuera, pero hacía demasiado calor y además el ruido de la autopista cercana tampoco me ayudaba. ¡Segunda etapa superada!

 

Llegada a la casa de vacaciones. Por suerte ahora yo soy la primera que pruebo todas las camas y elijo. Tanto yo como los de alrededor sabemos que es mejor evitar que los dolores de espalda empiecen. Y sé que voy a dormir menos por los ruidos, que seguramente haya más luminosidad y tenga que compensarla…

Y me guste o no ahora no puedo llevar, como antes, toda la organización de la casa, las comidas. Y tal vez haya momentos de cansancio en que ni siquiera se me ocurran comidas. Este año llevaba preparada una lista a la que recurrir en momentos de saturación Y también llevaba más aceptada esta limitación y los de alrededor. Íbamos a compartir las vacaciones. A lo mejor no tengo tanto espacio privado en el que refugiarme como en casa, lo tendré que asumir, a lo mejor no hay lavaplatos y todo es más cansado. En el reparto de tareas yo tendré que elegir las que sean por las mañanas, porque luego todo me cuesta más.

 

En medio de momentos más difíciles también ha habido muchas risas, momentos de paz, imágenes bonitas y un poco de mejor humor por mi parte. Y en momento de crisis ¡acordarme de la herramienta del ZOOM!

 

Contado de cerca podéis entender que nos cueste un poco más ahora disfrutar de las vacaciones. Es verdad, este año planteándomelo como objetivo he disfrutado más, y ahora… ¡tengo que descansar de ellas!.

 

Ahora sé que cuando llegan las vacaciones no tengo que pensar que en cualquier momento “el monstruo viene a verme”, como el título de la película, sino que me voy a preparar bien para ir yo, con mi nueva identidad, a ver al monstruo y no voy a invitarle a mi casa.

 

 

 

LA IMPORTANCIA DEL GRUPO TRAS UNA LESIÓN CEREBRAL ADQUIRIDA

Como psicóloga clínica siempre he creído en el increíble potencial de los grupos. Ahora, creo aún mucho más en la importancia de los grupos para personas con DCA, como yo. Me lo confirman tanto mi experiencia personal como mi experiencia como psicóloga con grupos de apoyo.

Foto: Álvaro Lassaletta

Cuando uno sufre una lesión cerebral súbita, inesperada, siente que su vida se tambalea y todo se desestructura. Nuestra vida cambia radicalmente en un segundo. La nuestra y la de los que nos rodean.

Tras este primer impacto hay un largo proceso de recuperación y de aceptación, que yo conozco muy bien personalmente y cuya experiencia me motiva a acompañar a personas con daño cerebral adquirido a lo largo de este camino.

Al principio de este viaje es muy normal sentirse solo. En muchas ocasiones pensamos que no vamos a ser capaces de superar las nuevas limitaciones a las que nos vemos expuestos de forma súbita y también sentimos que nadie a nuestro alrededor entiende realmente lo que nos pasa. Al encontrarnos en grupos de personas con DCA con otros que están atravesando una travesía similar empezamos a darnos cuenta de que no estamos solos, y eso nos tranquiliza. Al empezar a rodar en grupo empezamos a ser conscientes de que todos compartimos muchas emociones y sensaciones opuestas que conviven, como la frustración, la tristeza, la alegría de estar vivos, la ilusión de ir superando retos diarios.

En los talleres que he coordinado, con personas con DCA, ya sean talleres de aceptación, de adaptación a los cambios, de formación para inclusión sociolaboral, me he encontrado con que los participantes me transmiten después de un tiempo un sentimiento de alegría por trabajar en grupo. Poder compartir su experiencia, sus avances, sus emociones, sus frustraciones, sus herramientas con otras personas que están en situación similar y aprender de las de los demás enriquece. Y sentir que se trabaja en equipo, que la lucha es conjunta, motiva.

A muchos, en algún punto del camino de recuperación, nos invade una sensación de que ya no pertenecemos a nuestros grupos de antes. Nos puede pasar incluso en el grupo familiar, cuando han cambiado los roles. También con el grupo de amigos, -tal vez no podamos salir tanto con ellos porque nos cansamos enseguida-, con los antiguos compañeros de trabajo, el cual no hemos podido retomar…

 

Esta sensación de no pertenencia es difícil de encajar, por lo que reunirse con otras personas con DCA y de repente sentir que perteneces de nuevo a un grupo. Encontrarme con otros que están “escalando las mismas montañas” que tú es muy liberador. En los grupos además de perseguirse objetivos terapéuticos para mí es fundamental el clima de confianza y relación que se crea. El objetivo de la cohesión del grupo para un mejor trabajo de equipo es importante.

 

Aunque yo sea la coordinadora me siento muy identificada con lo que pasa en el grupo. Yo también atravieso, en muchos momentos, las mismas emociones que se comparten, en mi también conviven muchas sentimientos contradictorios que surgen a lo largo de este largo y arduo camino de adaptación a los cambios. Y me alegro de corazón de los avances y de los retos superados por los participantes del grupo, al igual que comparto los míos. Yo salgo feliz después de coordinar un grupo, al que también siento que pertenezco.

Foto: Álvaro Lassaletta

 

 

Artículo publicado en el boletín de junio de 2018 del CEADAC (pincha en el enlace para verlo)

http://www.ceadac.es/ceadac_01/indocu/servicios_referencia/documentacion/boletin_novedades_centro_recursos/2018/b80jun2018/index.htm