EL APRENDIZAJE LIGADO A LA EMOCIÓN

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Estoy disfrutando estos días de la música y repasando las partituras y los audios para cantar de nuevo en un gran coro participativo de 350 personas el Mesías de Handel en el Auditorio de Madrid dentro de dos semanas. Esto fue mi gran reto del año pasado. Llevaba años soñando con ese momento, me parecía algo dificilísimo de lograr y con alegría tengo que decir que ¡lo conseguí!.

Como en la actualidad el aprendizaje de cosas nuevas es mucho más lento me parecía casi imposible lograr interiorizar todas las notas, su medida, las letras y los matices de esta música de Handel en varios meses de estudio. Lo conseguí con persistencia, con ilusión, con muchas repeticiones y mucha práctica. Durante unos meses escuchaba los audios de las canciones del Mesías a todas horas: cuando iba a comprar, cuando iba en el coche, en casa delante de la partitura.

Y poco a poco con los ensayos individuales y los ensayos grupales pude sentirme como una más y cantar y emocionarme en medio del gran grupo en el concierto.

Este año pensé que me volvería a tocar aprender casi desde cero de nuevo todas las canciones y volver a repetir toda la secuencia. Y felizmente me he dado cuenta de que el aprendizaje del año pasado había dejado huella y que he podido repasar, como todo el mundo y no he tenido que volver a reaprenderlo.

Mi expectativa de tener que empezar de cero puede sonar exagerada, pero realmente no lo era. En estos últimos años he tenido la experiencia de ver como los aprendizajes nuevos no dejan mucha huella y necesito tenerlos muy activos para que no se borren. Lo mismo me pasa con los libros que leo o las películas que veo.

El que este aprendizaje haya dejado huella estoy segura de que tiene que ver con la emoción, con la que he podido volver a conectar gracias al poder terapéutico de la música, lo cual ha supuesto un avance importante para mí. Siempre hemos escuchado que se aprende mejor cuando el aprendizaje está ligado a la emoción.

Podéis ver a través del video casero uno de los momentos emocionantes del concierto.

También creo que esta huella tiene que ver con que era un aprendizaje nuevo en cuanto a leer la partitura asociada a los audios, pero yo he escuchado esta música durante muchos años desde muy pequeña en mi casa. Cuando mi padre la ponía por primera vez teníamos todos la sensación de que empezaba la Navidad. Así que esa música ya estaba en mi disco duro desde la infancia.

Este aprendizaje deja huella por estar ligado a la emoción y al recuerdo de mi historia.

LA FRAGILIDAD EMOCIONAL TRAS UN DCA

 

Foto: Álvaro Lassaletta

Después del terremoto que supone un daño cerebral adquirido en la vida de una persona las emociones se vuelven bastante frágiles, inseguras.

Ahora nos toca aprender a manejarnos por un camino nuevo y a convivir con algunas limitaciones que vamos descubriendo.

Tras un terremoto hay que decir adiós a algunas cosas que ya no nos son útiles ahora, recolocar las que aún siguen en pie, y arreglar las que están algo dañadas.

Nuestro proceso de recuperación es parecido. También consiste en reutilizar y potenciar las funciones que se mantienen y esforzarnos en rehabilitar las que ahora fallan y si no se pueden recuperar completamente aprender herramientas o trucos para compensarlas.

Yo me doy cuenta de cómo en este arduo y bonito camino me siento más insegura. Ya no estoy tan segura de las cosas como antes. Las emociones se mezclan y a veces salen de forma impulsiva o con demasiada fuerza, incluso a veces no salen cuando las necesito.

Antes me enfadaba con esta situación. Ahora aprendiendo a convivir con distintas limitaciones y habiendo avanzado mucho en el camino entiendo esta fragilidad emocional, estos cambios de opinión, mi inseguridad. También siento que cada vez voy sintiéndome un poco más segura en este proceso de adaptarme a todos los cambios que se han dado en mi vida y en la de mi familia. Y espero que poco a poco la inseguridad no sea tan esencial en mí.

INTEGRAR “QUIEN ERA” Y “QUIEN SOY”

Al comienzo de mi proceso de rehabilitación y de recuperación yo estaba enfadada con el mundo, sólo quería volver a ser como era antes y daba poco valor a los pequeños avances que hacía, porque no me devolvían a la “Aurora de antes”. Tenía en bloques muy diferenciados e incomunicados el “YO ANTES” y “YO AHORA”.

 

YO ANTES YO AHORA
Podía con todo ¡Solo una cosa!
Rápida, ingeniosa, chistosa Lenta, me cuesta encontrar las palabras
Activa, no me perdía ningún plan Tengo que cuidar mis descansos
Profesionalmente reconocida Retomo en pequeñas dosis mi profesión
Muy adaptable Necesito rutinas

 

Ponía una barra firme entre las dos identidades. Sentía que tenía que crear una nueva identidad.

Después de bastante trabajo personal, de adaptación y aceptación de la nueva situación siento que cada vez hay más comunicación entre la vieja identidad y la nueva identidad. No creo que tenga que crear una nueva identidad totalmente diferente a la que tenía.

Hay cosas que no he perdido: el SENTIDO DEL HUMOR, la SOCIABILIDAD, hay cosas que voy recuperando –aunque sea en un grado diferente- las GANAS DE VIAJAR, ir a CONCIERTOS y conectar con la música, hay cosas que aunque ahora no estén también habrían cambiado por la edad, y hay cosas a las que he tenido que decir adiós y aceptar que ya no las tengo.

Cada vez siento que integro más quien era y quien soy, que la línea es más discontinua, que estoy recuperando algunas cosas y voy cogiendo cariño a mis nuevas capacidades, en muchos casos parecidas a las de antes, pero diferentes en grado, cantidad e intensidad.