LA MÚSICA, EL CEREBRO Y LAS EMOCIONES

Hace unos días disfruté del concierto de la Asociación MusicAvanza https://musicavanza.org/ en Madrid y del coloquio posterior. El objetivo de esta asociación es difundir la música y los beneficios de la misma tras un Daño Cerebral Adquirido. Está formada por dos músicos profesionales -un violinista y un pianista- que sufrieron una lesión cerebral súbita hace unos años y por una médico neurorehabilitadora, también música, que les ayudó a rehabilitarse utilizando sus instrumentos y melodías como herramientas de motivación y de adaptación a su nueva realidad.

Es emocionante ver cómo ahora estos dos músicos maravillosos han podido retomar su música y sus conciertos a un nuevo ritmo y tiempo, con una frecuencia distinta y con la misma alegría o incluso más, que es la que nos llena cuando conseguimos alcanzar nuestros retos y objetivos tras readaptarnos a nuestra nueva vida.

Además de disfrutar mucho de la música del concierto me emocionó el logro de esta asociación, y la energía que consiguieron crear en la audiencia tanto cuando las notas sonaban como cuando compartían su experiencia los músicos, personas con un DCA, familiares y profesionales. Y me hizo pensar, sobre todo sentir. Y pude entender el papel de la música en mi “rehabilitación emocional” y de la ayuda que la música me ha supuesto y me supone día a día.

Como ya he comentado en otros post muchas personas tras una lesión cerebral adquirida tenemos afectada el área de las emociones, tanto el sentirlas como el expresarlas. Algunos por exceso, otros por defecto.

El concierto me ayudó a recordar cómo cuando yo desperté y salí del coma, -hace ahora muchos años- una gran parte de mis emociones quedaron aún dormidas. Y la música ha ayudado a que se vayan despertando un poco esas emociones, a modular las que se despertaron explosivamente e incluso a facilitar la armonía emocional en la familia.

Ha hecho falta que pase bastante tiempo para ser consciente de lo que me ha pasado con las emociones tras mi lesión cerebral súbita: el no sentir las emociones casi al principio y la dificultad para expresarlas cuando he empezado a sentirlas. Ahora que tengo esta conciencia puedo trabajar sobre ello, pero hasta ahora no me daba cuenta con profundidad, aunque creo que en algún punto sí era consciente.

La intuición de que necesitaba participar en un coro unos años después del accidente seguro que tenía que ver con esto. Ha sido en el coro donde he podido empezar a emocionarme al realmente sentir algún tema que cantábamos. Por supuesto me apunté a un coro “emocional”, como yo le llamaría, en el que queremos transmitir a través de la música desde la belleza hasta la injusticia que nos rodea. Y después seguí involucrándome en sentir a través de la música clásica con los coros participativos.

Y los altibajos emocionales del día a día, -más frecuentes como bien sé ahora en personas con DCA-, también los regulo muchas veces con música. Sacando la ira o la frustración cantando a voz en grito, calmándome con música tranquila o cantando temas muy íntimos y suaves cuando la ansiedad me invade… La música sirve para regular las explosiones emocionales conscientes y también las consecuencias de las inconscientes.

Y el ver retomar la música a mi compañero diario de fatigas durante todos estos últimos años me hace ver que la música devuelve vida y alegría, y nada me puede hacer más feliz que eso.

La incertidumbre tras un DCA

Cuando uno empieza a ser algo consciente de lo que le ha pasado tras una lesión cerebral súbita y se empiezan a manifestar las limitaciones a corto plazo aparece una gran incertidumbre.

La incertidumbre hacia el medio y el largo plazo, hacia la evolución real tras la rehabilitación, hacia las relaciones sociales, hacia el futuro laboral, familiar. La inseguridad se apodera de nosotros y solo vemos un gran interrogante ante nuestros ojos. ¿Podré a ser profesional, o pareja, amigo, madre, persona autónoma?

Los participantes de mi grupo, con menos de un año desde su ictus, derrame, TCE, operación de un tumor… nos recalcan cómo la incertidumbre es la principal sensación en sus vidas ahora mismo. Yo tuve la experiencia de esta incertidumbre máxima durante los tres primeros años después de mi accidente. Ahora es mucho menor, aunque sigue apareciendo de vez en cuando, sobre todo al plantearme objetivos a largo plazo. Cristina, Rafa, Lu, Mariluz, Almudena, Maribel, Hugo y Juan lo explican muy bien.

“Es el no saber qué va a ser de mi vida a medio largo plazo. Esa es mi incertidumbre ahora mismo.”

“Qué va a ser de tu vida o qué vamos a ser capaces de hacer.”

“Sí, justo, qué voy a ser capaz de hacer, o cómo va a ser. Me preocupa mucho también el tema económico, cómo se va a sostener mi familia sin que yo a lo mejor pueda volver a trabajar de lo mismo… y de mí, de mi persona. Y qué va a ser de mí, si no me voy a dedicar a lo que me dedicaba qué voy a hacer.”

“Estás perdido. Cuando entras en el centro de rehabilitación estás perdido, no sabes lo que pasa. Es una incertidumbre absoluta en todo, y al final decides aprovechar cada segundo que estés aquí, porque no hay nada más.”

“No tener orientación de nada… oscuridad, ir ciego.”

“Sensación de haber perdido el control de tu vida, de no llevar tus riendas.”

“No sabes cuánto va a durar esta etapa de rehabilitación.”

“No sabes qué cantidad o cómo vas a recuperar. En qué grado vas a volver a ser la misma.”

“A mí me ha quedado una sensación de vacío muy grande. Por mi condición física ahora me faltan medios. Tengo amigos que quieren quedar conmigo y yo no quiero quedar con ellos porque me da como vergüenza.”

“No sé cuánto tiempo, meses y días y días quedarán para ver cómo va a ser mi nuevo yo”.

 

La expresión de emociones en DCA. ¿No lo siento o no lo puedo expresar?

 

Foto: Álvaro Lassaletta

A lo largo de estos 12 años, he podido ver una evolución en la expresividad de las emociones. Después de mi TCE la expresividad emocional estaba muy bloqueada, y muchas veces no sé si mi sentimiento también. Una sensación de anestesia anímica prevalecía.

Con el tiempo y la rehabilitación he ido recuperando los sentimientos, pero la capacidad de expresarlos va más lenta. Por suerte se va alcanzando poco a poco y aún tengo la esperanza de seguir mejorando. Me viene a la cabeza la carta que mandé, hace varios años, al coro de mujeres en el que participo transmitiendo la ilusión de volver a sentir. Os la copio a continuación. Me encantaría que pudierais compartir lo que os pasa a vosotr@s con la expresión de las emociones.

“Queridas compañeras del coro,  
me apetecía compartir con vosotras un momento de emoción muy especial que sentí ayer al cantar en la entrega del premio. El acto de entrega me gustó mucho y quería daros las gracias porque seguramente sin saberlo no sabéis qué energía, apoyo y rehabilitación estáis suponiendo para mí: el coro, la música, pero sobre todo el grupo. 
 
Ayer después de mucho tiempo sin conseguir emocionarme me emocioné al cantar “La cigarra”, porque no sólo me acordé de la autora Mª Elena Walsh y su exilio, y su cáncer, sino que me identifiqué totalmente con la canción y sentí profundamente cómo yo estaba allí renaciendo después de casi 4 años muy duros, los primeros 3 casi bajo tierra como la cigarra. Y os quería compartir que el coro para mí ha sido un comienzo estupendo de retomar aspectos de normalidad y disfrutar en mi vida. Empecé hace un poco más de un año sin saber si podría aguantarlo físicamente, atencionalmente.. y aquí estoy feliz. A veces me podéis ver sin fuerzas, hay muchas secuelas… pero poco a poco vuelvo a estar, a rellenar mi lugar.
 
Y ayer cantando desperté y ví que desde mi espacio de normalidad -que es el coro- podía empezar a enterrar un poco esa etapa pasada y empezar a salir al sol y ver de nuevo la luz! Fue un momento muy bonito y que quería compartir con vosotras. Gracias por estar ahí!”

Aceptar no es resignarse

Foto: Álvaro Lassaletta

El camino de la aceptación del daño cerebral adquirido es largo, a veces es llano y liso, otras es cuesta arriba, en ocasiones se convierte en terreno pedregoso en el que la mochila pesa demasiado y en otras nos encontramos en una subida del camino que nos permite mirar con perspectiva todo lo que hemos recorrido ya.

Casi siempre al llevar los “grupos de aceptación” como voluntaria con personas con DCA me he encontrado dentro del grupo con algunos participantes a los que no les gustaba nada el nombre. Me decían que “aceptar” les sonaba a “resignarse con lo que hay”, como un concepto estático sin posibilidad de avanzar. Cuando les preguntaba con qué nombre les gustaría describir el proceso de aceptar las nuevas limitaciones, recuerdo buenas propuestas como “Gestionar el cambio” , “Grupo de conciencia”, “Mi vida aquí y ahora”.

Independientemente del nombre la aceptación es dura pero fundamental en el proceso de rehabilitación y recuperación y en la adherencia al tratamiento. Pero para mí la aceptación no es algo estático. Cuando hablo de aceptación hablo de aceptar en cada momento lo que hay, las limitaciones con las que contamos en ese momento. Por mi experiencia esa ha sido la clave para una mejor recuperación. Durante mucho tiempo no aceptaba algunas secuelas e intentaba ignorarlas, pero eso al final me pasaba factura. El conseguir mirar de frente a cada etapa me ha ayudado a centrarme en la recuperación. El aceptar las secuelas que tengo hoy no quiere decir que me resigno a pensar que serán las definitivas. Quiere decir que si hoy acepto lo que me pasa hoy la recuperación sigue su curso de manera fluida. Puedo hablar de esto después de un aprendizaje largo de años y de pelearme mucho con lo que me pasaba. Animo a la esperanza, a no resignarse, porque se puede seguir avanzando durante mucho tiempo, sobre todo si nos centramos en el presente y nos proponemos objetivos realistas.

El daño es menos invisible cuando nos reconciliamos con él.

 

La alegría de volver a sentirme útil después de un DCA

Foto: Álvaro Lassaletta

Esta semana una amiga me ha dicho que tengo un brillo especial en los ojos. Y sé que tiene que ver con haber vuelto a retomar mi tarea profesional, aunque sea en dosis pequeñas.

Es verdad que ahora como psicóloga no puedo ver ocho pacientes diarios ni llevar tres grupos semanales. Mis nuevas limitaciones en la atención, la organización mental y la fatiga no me lo permiten. Pero sí puedo dedicar mi energía a uno o dos grupos semanales de una hora de duración. Y me llena de alegría y de ilusión el poder sentirme útil de nuevo. He aprendido mucho en estos últimos doce años, sobre todo acerca del camino de la aceptación de mi nueva situación, de las secuelas que persisten y de mi nueva identidad. Comparto mi aprendizaje, retomando mis habilidades como psicóloga voluntaria, en los grupos semanales con personas a los que de repente un día una especie de “terremoto” cambió su vida, como me pasó a mí,. También aprendo mucho escuchando y comprendiendo el proceso individual y el ritmo de cada persona. Me parece que es muy importante poder encontrarnos entre “iguales”. Eso nos da fuerza y nos hace ver más claro el horizonte.

Estoy segura de que cada uno desde su lugar puede hacer algo o retomar algo con lo que se siente útil.

¿Qué haces o crees que puedes hacer para sentirte un poco útil?

Ahora, año y medio después de escribir este post creo más aún en la importancia de sentirse útil y seguir aportando y aprendiendo cada día.

Auto mensajes para los altibajos emocionales en el DCA

A pesar de haber convivido más de 13 años con los altibajos emocionales aún no me acostumbro a ellos. Por lo menos me tranquiliza saber que son bastante frecuentes en personas con DCA, por lo que he compartido con muchas de ellas. Y, por supuesto, son frecuentes en todo el mundo. La diferencia es que para nosotros tiene un extra de desconcierto y falta de herramientas, sobre todo cuando existe un cambio importante en cuanto a cómo eran antes de nuestra lesión cerebral.

Inevitablemente me voy habituando a la frecuencia de estos altibajos emocionales a la fuerza, y los de alrededor no tienen más remedio que habituarse también.

Me acuerdo de los altibajos emocionales sobre todo cuando son bajos emocionales. En los altos, como estoy tranquila y contenta, no me acuerdo de que también son solo una fase. Porque creo que esa está siendo la clave para entenderlos, saber que son pendulares, es decir son fásicos, vienen y van. El saber que no son lineales me ayuda mucho a no quedarme tanto en el bucle.

Este año he descubierto que tolero estos altibajos un poco mejor al utilizar auto mensajes.

Mis autos mensajes hacen justo referencia a este carácter transitorio de las crisis. Un bajón emocional puede llegar porque me entristezca mucho una situación, ya sabemos que la gestión de los sentimientos está algo tocada después de una lesión cerebral. O puede llegar después de una situación que antes estaba acostumbrada a resolver de forma rápida y eficaz y ahora siento que me faltan los recursos. Sé que si hay una presión de tiempo o una tensión emocional me bloqueo y no puedo tomar decisiones rápidas acertadas. Pero aunque me lo sepa en la teoría cuando se da esa situación ese bloqueo me hace sentir muy mal Y me deja con el ánimo por los suelos.

Hasta ahora, en muchos de esos momentos no conseguía distanciarme de la emoción y observar de forma tranquila la situación. Pero con los autos mensajes justo hago esto, desde fuera poder tranquilizarme a mí misma. Yo soy la misma persona que está sintiendo la emoción y también la que la observa.

Cuando entro en un momento de crisis porque me quedado bloqueada sin poder tomar una decisión, o me invaden sentimientos negativos y de desesperanza al sentirme impotente ante una situación que siento que ahora no puedo resolver me tranquilizo con mensajes como:

Aurora tranquila. Acuérdate de que esto ha pasado más veces, que no es el fin del mundo, y que después se pasa”.

Esto puede parecer una tontería, pero el haber podido conseguir este año distanciarme de mi misma y darme esos mensajes me ayuda a no entrar en un bucle negativo y suavizar ese sentimiento de impotencia, esa sensación de que no voy a poder salir de la situación.

Aurora tú tienes las herramientas, las has utilizado otras veces, pero en este momento de bloqueo no se te ocurren. Tranquila. Cuando estés más tranquila ya se te ocurrirán. Te ha pasado más veces, ésta no es la primera vez, y siempre consigues resolver las situaciones mejor o peor, pero consigues resolverlas. Tranquila”.

Estoy contenta porque al final soy yo la que me ayudo a mí misma. En esta nueva etapa de la vida de nuevas dependencias adquiridas el encontrar una auto herramienta me resulta muy enriquecedor. Os la recomiendo: buena, bonita y barata. ¡No perdamos el sentido del humor!

APRENDER A DISFRUTAR DE LAS VACACIONES DESDE MI “NUEVO YO”

Este año estoy disfrutando más de las vacaciones que en los últimos años, en los que las vacaciones también llevaban para mí un componente de estrés importante. Y es que este año me lo he propuesto como un reto: “ disfrutar de las vacaciones”. Puede sonar raro desde fuera, porque las vacaciones son para disfrutar, y si le cuento a alguien externo lo que hago en vacaciones nadie, en un principio, puede entender por qué no disfruto. Pero lo de disfrutar tiene que ver, como casi todo en este proceso, con la aceptación. Cuanto más acepte mi nuevo “yo” más voy a disfrutar. Preciosa suena la teoría… Pero esto también supone un trabajo.

 

Planificar, tener en cuenta la saturación por ruidos, recordar que no soy capaz de tener atención dividida, no olvidar mis lesiones físicas, la hipersensibilidad al ruido y a la luz, organización de la vida diaria, comidas y ritmos en un entorno nuevo, convivir con mi cansancio…

 

Las vacaciones ahora tienen otros elementos nuevos que tengo que tener en cuenta: anticipar, encontrar herramientas que vayan a suplir algunas situaciones difíciles, estar física y emocionalmente preparada para momentos estresantes y sobre todo practicar mucho la herramienta del “ZOOM”. No ver el detalle negativo como un todo, sino practicar el tomar distancia, acordarme todo lo positivo que tengo y que hay en la situación y volver a valorar.

 

Antes me apuntaba a un bombardeo. Si me decían: “A que no te vienes conmigo mañana en coche a recorrer Europa con un saco de dormir, un aislante, y una mochila pequeña” yo decía: “¡Voy!”. Es verdad que ahora tengo más años y la espalda un poco tocada para dormir en el suelo, pero la actitud subyacente sigue existiendo en mí. ¡Quién me iba a decir que ahora necesito las rutinas!. Sin embargo ahora es muy diferente. Soy otra, y cuanto más lo tenga presente más voy a poder disfrutar de la situación. 

 

Ahora tengo que anticipar qué equipaje voy a necesitar y prepararlo con listas o con antelación, porque ya no tengo esa capacidad de improvisación que tenía antes. Así que ese primer impulso tiene que ir acompañado de una previsión, lo cual es contradictorio. Impulso y previsión no pueden ir juntos. Conclusión: tengo que planificar mis vacaciones. Es verdad que seguramente lo tendría que hacer de todas maneras porque ahora tengo una familia, pero la obligatoriedad de la anticipación es lo que hace que tenga más peso para mí.

 

Me subo al coche y en seguida aparece mi limitación de no conseguir la atención dividida. Los demás ponen música y además quieren hablar al mismo tiempo. Esta situación que normalmente me produce tensión y que me agota ahora la tengo asumida. Les digo a los demás que luego hablaremos, me pongo tapones en los oídos para hacer el viaje tranquila y si necesitan que haga de copiloto les pido que quiten la música. ¡Primer paso del viaje resuelto con menos tensión que otros años!

 

Hay que hacer una parada. Me doy cuenta de que las áreas de servicio en carretera están más adaptadas a las personas con dificultades en la movilidad que hace años. Pero, ¿alguien se ha dado cuenta de que hay otras limitaciones, más invisibles, que nos afectan a muchos y que no se tienen en cuenta?. Me refiero al ruido ensordecedor que hay en las cafeterías, comedores, de voces altas, tazas chocando, cuchillos golpeando el plato… y todo en un monoespacio…., una luminosidad excesiva, demasiados estímulos muy intensos a la vez.  Este año lo estaba pasando tan mal tomándome el bocadillo de mitad de camino en uno de estos sitios que en vez de enfadarme y ponerme nerviosa decidí una vez más desconectarme sacando mis tapones de los oídos, sonreír a la familia, y refugiarme en mis pensamientos interiores. Pensé en llevarme el bocadillo fuera, pero hacía demasiado calor y además el ruido de la autopista cercana tampoco me ayudaba. ¡Segunda etapa superada!

 

Llegada a la casa de vacaciones. Por suerte ahora yo soy la primera que pruebo todas las camas y elijo. Tanto yo como los de alrededor sabemos que es mejor evitar que los dolores de espalda empiecen. Y sé que voy a dormir menos por los ruidos, que seguramente haya más luminosidad y tenga que compensarla…

Y me guste o no ahora no puedo llevar, como antes, toda la organización de la casa, las comidas. Y tal vez haya momentos de cansancio en que ni siquiera se me ocurran comidas. Este año llevaba preparada una lista a la que recurrir en momentos de saturación Y también llevaba más aceptada esta limitación y los de alrededor. Íbamos a compartir las vacaciones. A lo mejor no tengo tanto espacio privado en el que refugiarme como en casa, lo tendré que asumir, a lo mejor no hay lavaplatos y todo es más cansado. En el reparto de tareas yo tendré que elegir las que sean por las mañanas, porque luego todo me cuesta más.

 

En medio de momentos más difíciles también ha habido muchas risas, momentos de paz, imágenes bonitas y un poco de mejor humor por mi parte. Y en momento de crisis ¡acordarme de la herramienta del ZOOM!

 

Contado de cerca podéis entender que nos cueste un poco más ahora disfrutar de las vacaciones. Es verdad, este año planteándomelo como objetivo he disfrutado más, y ahora… ¡tengo que descansar de ellas!.

 

Ahora sé que cuando llegan las vacaciones no tengo que pensar que en cualquier momento “el monstruo viene a verme”, como el título de la película, sino que me voy a preparar bien para ir yo, con mi nueva identidad, a ver al monstruo y no voy a invitarle a mi casa.

 

 

 

LA IMPORTANCIA DEL GRUPO TRAS UNA LESIÓN CEREBRAL ADQUIRIDA

Como psicóloga clínica siempre he creído en el increíble potencial de los grupos. Ahora, creo aún mucho más en la importancia de los grupos para personas con DCA, como yo. Me lo confirman tanto mi experiencia personal como mi experiencia como psicóloga con grupos de apoyo.

Foto: Álvaro Lassaletta

Cuando uno sufre una lesión cerebral súbita, inesperada, siente que su vida se tambalea y todo se desestructura. Nuestra vida cambia radicalmente en un segundo. La nuestra y la de los que nos rodean.

Tras este primer impacto hay un largo proceso de recuperación y de aceptación, que yo conozco muy bien personalmente y cuya experiencia me motiva a acompañar a personas con daño cerebral adquirido a lo largo de este camino.

Al principio de este viaje es muy normal sentirse solo. En muchas ocasiones pensamos que no vamos a ser capaces de superar las nuevas limitaciones a las que nos vemos expuestos de forma súbita y también sentimos que nadie a nuestro alrededor entiende realmente lo que nos pasa. Al encontrarnos en grupos de personas con DCA con otros que están atravesando una travesía similar empezamos a darnos cuenta de que no estamos solos, y eso nos tranquiliza. Al empezar a rodar en grupo empezamos a ser conscientes de que todos compartimos muchas emociones y sensaciones opuestas que conviven, como la frustración, la tristeza, la alegría de estar vivos, la ilusión de ir superando retos diarios.

En los talleres que he coordinado, con personas con DCA, ya sean talleres de aceptación, de adaptación a los cambios, de formación para inclusión sociolaboral, me he encontrado con que los participantes me transmiten después de un tiempo un sentimiento de alegría por trabajar en grupo. Poder compartir su experiencia, sus avances, sus emociones, sus frustraciones, sus herramientas con otras personas que están en situación similar y aprender de las de los demás enriquece. Y sentir que se trabaja en equipo, que la lucha es conjunta, motiva.

A muchos, en algún punto del camino de recuperación, nos invade una sensación de que ya no pertenecemos a nuestros grupos de antes. Nos puede pasar incluso en el grupo familiar, cuando han cambiado los roles. También con el grupo de amigos, -tal vez no podamos salir tanto con ellos porque nos cansamos enseguida-, con los antiguos compañeros de trabajo, el cual no hemos podido retomar…

 

Esta sensación de no pertenencia es difícil de encajar, por lo que reunirse con otras personas con DCA y de repente sentir que perteneces de nuevo a un grupo. Encontrarme con otros que están “escalando las mismas montañas” que tú es muy liberador. En los grupos además de perseguirse objetivos terapéuticos para mí es fundamental el clima de confianza y relación que se crea. El objetivo de la cohesión del grupo para un mejor trabajo de equipo es importante.

 

Aunque yo sea la coordinadora me siento muy identificada con lo que pasa en el grupo. Yo también atravieso, en muchos momentos, las mismas emociones que se comparten, en mi también conviven muchas sentimientos contradictorios que surgen a lo largo de este largo y arduo camino de adaptación a los cambios. Y me alegro de corazón de los avances y de los retos superados por los participantes del grupo, al igual que comparto los míos. Yo salgo feliz después de coordinar un grupo, al que también siento que pertenezco.

Foto: Álvaro Lassaletta

 

 

Artículo publicado en el boletín de junio de 2018 del CEADAC (pincha en el enlace para verlo)

http://www.ceadac.es/ceadac_01/indocu/servicios_referencia/documentacion/boletin_novedades_centro_recursos/2018/b80jun2018/index.htm

La importancia de sentir que perteneces

Foto: Álvaro Lassaletta

El terremoto del DCA (Daño Cerebral Adquirido), por el que tu vida cambia de un día para otro, en muchas ocasiones te lleva a perder el sentimiento de pertenencia. Es verdad que por suerte, en la mayoría de los casos, tenemos a nuestra familia y a nuestros amig@s y en esos entornos seguimos perteneciendo, aunque unos y otros tengamos que “Resetearnos”, como los ordenadores, para aceptar la nueva situación y adaptarnos a los nuevos cambios o limitaciones.

En distintas ocasiones he sentido que ahora no pertenezco. En una visita a mi antiguo trabajo, al observar a los amigos bajando una montaña esquiando o bailando, en un debate rápido de intercambio de información, al ver a un grupo de especialistas como yo haciendo un brainstorming, viendo a las mujeres multitarea …

Y me parece importantísimo que las personas con DCA sintamos que pertenecemos y que hagamos un esfuerzo por encontrar algunos espacios donde lo sintamos. Si miro hacia atrás en los últimos años me doy cuenta de lo importante que es para mí el coro al que asisto, donde siento que pertenezco, mi voluntariado en un centro en el que siento que pertenezco, los grupos con personas con DCA para hablar o para hacer deporte, donde siento que pertenezco. Y animo a otras personas con DCA a poder mantener o encontrar nuevos lugares de pertenencia. Ya sea un espacio de pilates, de ajedrez, de meditación, de piscina, de café con los amigos los viernes, de voluntariado… lo que sea. Seguro que cada uno podemos encontrar algún espacio donde sintamos que pertenecemos. Y cuando lo sientes es ¡genial!

También les pediría a los profesionales que tengan en cuenta esta hipersensibilidad que tenemos ahora hacia la pertenencia y lo cuiden. Para mí es muy importante sentir que pertenezco. Agradezco mucho a CEADAC (Centro Estatal de Atención al Daño Cerebral Adquirido) el haber podido presentar mi libro allí. CEADAC es uno de los nuevos sitios donde siento que pertenezco. ¿Dónde sientes tú que perteneces?