¡ Adiós a la multitarea !

A medida que intento retomar más actividades de la vida diaria esta nueva forma de actuar se hace cada vez más evidente. Antes era una mujer madre multitarea, que era capaz de hacer varias cosas a la vez: cocinaba mientras hablaba por teléfono revisando con una compañera del trabajo el último caso que llevábamos en equipo, me terminaba de vestir para salir a una reunión y al colgar el teléfono sacaba del congelador algo para la cena mientras repasaba cantando la última canción que estaba aprendiendo para el coro. Entonces llevaba a mi hijo mayor al colegio y escuchaba su conversación en el coche mientras sonaba mi música favorita en la radio. Describo estos treinta minutos intrascendentes de un día rutinario.

Ahora las cosas han cambiado. Ya no puedo hacer o pensar varias cosas al mismo tiempo en paralelo. Cada cosa requiere una atención plena y un tiempo único. Si me pongo a cocinar tengo que concentrarme en la cocina, cerrando la puerta y no dejando que interfieran los ruidos externos, voy más lenta pensando muy bien cada paso. Después cuando termino puedo hacer una llamada y cuando ésta se acaba puedo hacer el paso siguiente. Así paso por paso.

Es verdad que he mejorado bastante y ahora puedo hacer dos cosas a la vez en muchos momentos, sobre todo si no estoy muy cansada, porque la atención y el cansancio van muy unidos. Pero si me olvido de esta limitación e intento hacer tres cosas a la vez no consigo concentrarme y la fatiga mental es tal a continuación que tengo que parar todo y durante mucho tiempo no puedo retomar ni una tarea.

                                                               

El vértigo de las vacaciones

 

Foto: Álvaro Lassaletta

Cada verano me sorprende, como si fuera la primera vez, mi recaída en desorganización.

Y es que sinceramente, aunque me cueste entenderlo, las vacaciones de verano por ahora me suponen más frustraciones que alegrías y descanso.

Quién me iba a decir a mí, que siempre me he apuntado a un bombardeo y me encantaba cambiar de planes y no perderme ninguno, que en verano con la desorganización echo de menos las rutinas del curso. A lo mejor a otras personas más rutinarias de personalidad les ha pasado eso siempre. Pero a mí me sorprende de forma especial.

Y mi trabajo ahora en verano es la tolerancia a la frustración.

Ya conocía mi dificultad de organizar un apartamento de verano, la compra en el supermercado para las vacaciones, los menús y las comidas… pero este año me estoy dando cuenta de una forma más aguda de mi caos al organizar el tiempo o el día para la familia y de cómo eso me repercute negativamente. Me fastidia porque siempre he asociado las vacaciones a descansar y disfrutar. Y sin embargo ahora les tengo un poco de miedo.

En fin, que sigo enfrentándome a mis limitaciones a veces con más energía y otras con menos. También hay que compartir estos momentos no tan brillantes. Estoy segura de que a muchas personas con DCA les pasa algo parecido y podemos compartirlo.

No me puedo permitir unas vacaciones estructuradas con un Todo Incluido, pero soñar es gratis. Me puedo imaginar el plan ideal en una playa con rocas y con vista y con todo organizado. Nunca me gustaron los viajes organizados. Siempre me ha gustado diseñar a mi medida cada viaje a mi medida y según mi presupuesto. Me gusta ver que sigo disfrutando de viajar, pero curiosamente ahora echo de menos un viaje organizado desde fuera. Desde dentro me es complicado.

También me doy cuenta de que necesito un tiempo más largo para adaptarme. Este año me he ido de vacaciones 10 días con mi familia y hasta los últimos dos días no me he empezado a sentir más relajada. Me encantaría poderme permitir estancias largas en las que pueda adaptarme a mi ritmo. Y si no pueden ser tan largas aceptar lo que está pasando. Eterno aprendizaje el de la aceptación.

Matemáticas para evitar el cansancio

Foto: Álvaro Lassaletta

Uno de mis síntomas más estables y que, aunque mejore, siempre me acompaña es la fatiga. Tras cualquier actividad física moderada, pero sobre todo, después de una actividad cognitiva intensa la fatiga aparece. En distinta graduación, según la actividad.

Es gracioso, en el colegio yo era de “letras puras”, pero actualmente estoy desarrollando al máximo mi capacidad matemática, para poder evitar el cansancio.

Para poder cumplir mis objetivos en el día a día y que la fatiga no me haga cancelarlos tengo que trabajar mucho la ANTICIPACIÓN, si no estoy perdida. Siento que tengo una cantidad de energía mucho menor y limitada. Me ayuda imaginarme mi energía como una caja de dominó, con sus 26 fichas… y tengo que calcular muy bien en qué las empleo y cómo las reparto para que no se me gasten todas de golpe.

Si quiero escuchar una conferencia interesante, para la que quiero estar atenta y con la cabeza despejada sé que tengo que llegar pronto, no viajar en metro, irme a las primeras filas y ponerme en un asiento del centro, para evitar que los ruidos de personas entrando o saliendo me distraigan.

Muchas veces si veo que mi cerebro se empieza a saturar tengo que abandonar una actividad antes de que termine. Al principio esto me frustraba mucho, sobre todo si era algo grupal y tenía que dar muchas explicaciones sintiendo que los demás no llegaban a entenderlo. Actualmente, aunque a veces siga siendo frustrante, lo conozco, lo entiendo y ya no aspiro tanto a que lo entiendan todos.

Los viajes en metro me aturden

Foto: Álvaro Lassaletta

Hasta hace poco no he llegado a entender realmente por qué los viajes en metro me agotan.

Hace varios años, cuando tenía problemas de movilidad y me fatigaba en seguida, pensaba que el cansancio era físico, que se debía a no estar en forma y que un viaje en metro con transbordo era un sobreesfuerzo. Pero ahora que tengo una mayor resistencia física me doy cuenta de que esta fatiga tiene que ver, sobre todo, con algo cognitivo.

Mi viaje en el metro me aturde porque mi cerebro no filtra la información. Escucha todo a la vez, y son demasiados inputs, demasiada información auditiva, visual, sensorial al mismo tiempo No puedo tener una conversación con alguien en el metro en la que me tengo que concentrar, porque estoy escuchando todas las conversaciones que hay en el vagón de fondo, oigo el chirrido del vagón sobre los raíles, oigo el ruido de la puerta al abrirse y cerrarse, la voz por los altavoces que anuncia la próxima parada, la tos de mi vecina, y no puedo atender a ninguna en concreto porque oigo todo a la vez. Normalmente el cerebro filtra y discrimina y prioriza lo más importante. El mío no. Y eso es muy cansado.