¡ Adiós a la multitarea !

A medida que intento retomar más actividades de la vida diaria esta nueva forma de actuar se hace cada vez más evidente. Antes era una mujer madre multitarea, que era capaz de hacer varias cosas a la vez: cocinaba mientras hablaba por teléfono revisando con una compañera del trabajo el último caso que llevábamos en equipo, me terminaba de vestir para salir a una reunión y al colgar el teléfono sacaba del congelador algo para la cena mientras repasaba cantando la última canción que estaba aprendiendo para el coro. Entonces llevaba a mi hijo mayor al colegio y escuchaba su conversación en el coche mientras sonaba mi música favorita en la radio. Describo estos treinta minutos intrascendentes de un día rutinario.

Ahora las cosas han cambiado. Ya no puedo hacer o pensar varias cosas al mismo tiempo en paralelo. Cada cosa requiere una atención plena y un tiempo único. Si me pongo a cocinar tengo que concentrarme en la cocina, cerrando la puerta y no dejando que interfieran los ruidos externos, voy más lenta pensando muy bien cada paso. Después cuando termino puedo hacer una llamada y cuando ésta se acaba puedo hacer el paso siguiente. Así paso por paso.

Es verdad que he mejorado bastante y ahora puedo hacer dos cosas a la vez en muchos momentos, sobre todo si no estoy muy cansada, porque la atención y el cansancio van muy unidos. Pero si me olvido de esta limitación e intento hacer tres cosas a la vez no consigo concentrarme y la fatiga mental es tal a continuación que tengo que parar todo y durante mucho tiempo no puedo retomar ni una tarea.

                                                               

5 comentarios en “¡ Adiós a la multitarea !”

  1. Eso de hacer dos cosas a la vez, yo opino que es común entre las mujeres y lo admiro, mi mujer es muy capaz. No recuerdo como era yo a “antes de”, pero ahora soy incapaz de. Me falla la capacidad de atención, para más de una cosa, por eso no puedo andar y hablar con el móvil (o una cosa u otra), si hago las dos a la vez una de ellas me sale mal. No puedo conducir por el mismo motivo pues son demasiadas cosas a la vez. Cuando hay muchas personas hablando me aturdo y soy incapaz de dialogar o de seguir los temas de conversación. Solo puede ser de uno en uno. Cuando hago algo, debe ser siempre solamente una cosa.

  2. Yo me tambaleo cuando estando de pie limpio mis gafas, veo una nota y la intento leer, al entrar a un portal y mirar la hora en mi reloj o si hablo mientras camino… no diferencio fatiga física y mental, ambas o están unidas o van seguidas. Cuando empiezo a estar cansada debo parar si no lo hago, sigue TODO mal, empiezo a hablar con palabras equivocadas y hasta dejo de poder expresarlas, dejo de entender lo que escucho, me desoriento, tengo un despiste tras otro… y hasta estoy atenta a la llegada del bus, atenta al número correspondiente y ni me doy cuenta de que también debo subir a él para que me lleve como si las dos cosas fueran demasiado.

  3. Muy interesante su post “¡ Adiós a la multitarea !”

    Yo he leído muchísimos artículos sobre la multitarea o multitasking femenino, como hombre me siento fascinado por esta increible capacidas de la mujer de poder hacer y pensar muchas cosas a la vez.

    Encuentro muy interesante como usted describe al principio del artículo media hora de su vida anterior en que hacía y pensaba muchas cosas a la vez, y sin embargo cómo después del accidente cerebral le es imposible hacer ya no muchas sino sólo dos cosas a la vez. El accidente le ha hecho perder su capacidad innata femenina del multitasking, ahora le ocurre lo mismo que a nosotros los hombres.

    Según he leído, la capacidad multitasking femenina se debe a que el cerebro de la mujer tiene muchas más conexiones entre los dos hemisferios del cerebro, lo que explica porqué las mujeres son tan inteligentes y porqué pueden hacer y pensar muchas cosas a la vez.

    Yo creo que en su caso el accidente cerebral le ocasionó daños en el cuerpo calloso, que es donde se encuentran estas conexiones, y que precisamente en la mujer está mucho más desarrollado.

    Atentamente,

    Jorge

  4. Si vamos andando con mi padre y él tiene que limpiarse la nariz, tenemos que parar. Leyendo vuestras experiencias veo que es totalmente habitual…

  5. Hace seis meses tuve un infarto cerebral. Estoy bastante recuperado. He tenido mucha suerte. Soy independiente, sigo activo y trabajando, y soporto mis secuelas con resignación, mucho humor y toneladas de optimismo. Podía haber sido muchísimo peor, y no lo fue. Esa sola idea me empuja a seguir adelante.
    Lo peor de todo es, efectivamente, el cansancio, la fatiga. He sido muy deportista, y he conocido el cansancio físico. Pero no es esto. Lo que hay ahora es un cansancio cerebral. Es como si se hubiese alterado o dañado la central que registraba la fatiga, y mandase órdenes equivocadas al cuerpo. Hace seis meses que estoy cansado. Vivo fatigado. Y lo que hago es ceñirme a lo que hago y puedo hacer. Cuando hace falta, me paro. Camino muy despacio si es necesario. Actúo en unos límites mucho más estrechos que antes. Pero son soportables. El verdadero límite habría sido estar en una silla de ruedas, inmovilizado en toda la parte derecha de mi cuerpo, y sin poder hablar. Siento como si fuese una fatiga falsa, no auténtica. Lo pruebo, incluso, forzándome a hacer algo cuando recibo el mensaje de que estoy agotado; y consigo hacer esa cosa e iniciar como otro pequeño ciclo que conduce, otra vez, a la sensación de fatiga. Es como si todo fuese mentira. Como si se tratase solo de un mensaje erróneo de mi dañado cerebro. Yo diría que he mejorado a lo largo de estos meses, pero en todo esto la recuperación es tan lenta que el interesado no pueda captarla. Mejor ir pasito a pasito, como si fuese un caracol. Como nada de esto es visible, he enseñado a mi familia y a mi círculo más próximo cómo funciono, cómo vivo, y, aunque ellos no lo viven en persona, lo han aprendido muy bien y me ayudan extraordinariamente. Se ve que no es difícil contarlo ni tampoco aprenderlo para echar una mano a alguien. Me quedo con mi fatiga cerebral, con mi auto engaño, pero estoy absolutamente seguro de que remitirá con el tiempo. Y si no lo hace, no importa. Se puede vivir muy bien así. Aunque sea a otro ritmo.

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