¿Mejoramos o interiorizamos herramientas? La recuperación post DCA

Este año tuve un momento de motivación enorme pensando que había mejorado mucho, incluso que mis limitaciones eran anecdóticas y que a lo mejor me podía incluso plantear volver a un ritmo y a un trabajo más parecido al de antes del DCA.

Esta emoción se debió a que el mes de mayo para mí fue un mes muy activo en el que me volvía a sentir más cerca de la profesional que era, y en el que se juntaron varias actividades que me entusiasmaron. Era la primera vez que volvía a un congreso después de 13 años. Sentía que podía seguir en parte, a diferencia de hace años, las ponencias del congreso, que mi mente funcionaba de forma más rápida y se me ocurrían preguntas al hilo de lo escuchado, y se las pude a hacer a algunos ponentes, incluso en inglés, en ratos tranquilos. Después le siguió una presentación del libro en Pamplona, una presentación en el Colegio de Psicólogos de Madrid, y una ponencia en las Jornadas de Enfermería Neurológica.

En un primer momento solo observaba los hechos. ¡Había conseguido realizar esas actividades que me habían agotado un poco pero había podido resolverlas con éxito! Y eso para mí significaba casi que era la de antes. Una vez más la falta de conciencia de los déficits…

No se me ocurrió pensar también que ese mes había estado más descansada, ya que mi hijo pequeño había estado fuera, (el mayor es más independiente y le gusta cocinar) y no había tenido que ejercer tanto de madre ni llevar la organización de la casa como en otros momentos. No me di cuenta tampoco que aunque pareciera que las actividades se habían dado bien de forma espontánea las había preparado desde hacía tiempo para que salieran lo mejor posible. Las había programado cada una en una semana diferente con un largo espacio entre ellas y había cuidado varios detalles para que no se diera en mi mente una saturación de recursos.
No me acordé de que para las actividades que eran fuera había buscado unos sitios para dormir específicos tranquilos, no me había ido a casa de los amigos, para asegurar mi máxima descanso y poder afrontar estas actividades intensas en el mejor de los estados.

El mes siguiente, junio, fue un mes muy estresante para mí. Ya estábamos todos en casa, además de un invitado extranjero, y continuaba con mis actividades de los grupos. Además creo que también en este mes salió todo el cansancio del mes anterior. Y estaba enfadada conmigo misma y me lanzaba mensajes como de: “Pero si tú ya puedes hacerlo. Lo has demostrado en el mes de mayo“. En este mes fui realmente consciente de las limitaciones. Incluso me daba cuenta de que no podía hablar inglés con el invitado que teníamos en casa. Esta vez, sin embargo, me había metido en demasiados frentes y no me había preparado para ello, lo que lo convertía en un mes en el que sentía que no podía llevar a cabo las actividades mínimas.

Sin embargo ahora viéndolo con distancia me he dado cuenta de que sí, en general he mejorado a lo largo de estos 13 años y mucho, sobre todo en atención. Y contrastándolo con profesionales soy ahora consciente de que el éxito de las actividades del mes de mayo no solo se debía a una mejoría general sino a la interiorización de las herramientas aprendidas. A lo largo de los años he ido incorporando herramientas que para mí ahora son vitales y no era ni siquiera consciente de ello. Las he interiorizado.

El haberme hecho consciente de esto ha hecho que ahora en vez de estar enfadada, como me ha pasado durante el mes de junio por sentir que en realidad no había mejorado tanto, enfoque mi energía en aprender nuevas herramientas, sabiendo que repitiéndolas mucho con el tiempo acabo interiorizándolas y pasarán a ser parte de mi nueva identidad.

Bye, bye to the Big Picture!! (la atención por partes)

https://youtu.be/IjYDnawa_oU

Ayer tuve la suerte que encontrarme con una invitación de último minuto a un espectáculo de danza que disfruté muchísimo. Si vivís en Madrid os lo recomiendo, los 30 años de danza de Victor Ullate. Pero también me di cuenta de que podría no haberlo disfrutado tanto, como me había pasado en anteriores ocasiones en espectáculos de ópera, danza o incluso teatro . Y lo disfruté y sé que seguiré disfrutando en futuras ocasiones gracias a lo que entendí ayer al poco tiempo de empezar la representación. Y tiene que ver con la atención.

Me daba cuenta de cómo en distintas circunstancias de mi vida pasan las mismas cosas. Actualmente estoy trabajando en sesiones de neuropsicología mis limitaciones a la hora de tomar decisiones, por mi dificultad para tener una visión global. Y ayer tuve un insight al darme cuenta de que lo que me pasaba en el teatro era lo mismo, que tampoco conseguía tener una visión global del escenario. Como dicen en inglés no lograba tener “the Big Picture”.

Nada más comenzar el espectáculo empezó mi agobio. Si toda la escena no era simétrica y había distintas acciones en el escenario yo no podía seguirlo y me estresaba. De repente me di cuenta de que eso era lo que me agobiaba en otras ocasiones, pero que yo no era consciente del problema. Igual que solo puedo ver la realidad de forma compartimentalizada al tomar decisiones eso mismo me pasaba en el escenario. Solo podía ver algunas escenas del conjunto, pero había perdido la capacidad de salirme de una escena concreta para tener una visión global.

Entonces deje de estar agobiada al tomar la decisión de disfrutar de las pequeñas escenas. Y disfruté muchísimo. De lo pequeño. Sabía que me perdía lo grande, pero encontraba pequeños detalles de belleza que me emocionaron. Disfruté tanto que, por primera vez, me entraban ganas de ver de nuevo el espectáculo para poder disfrutar de otras escenas no vistas. También porque ayer todo iba demasiado rápido como para poder interiorizarlo. Y mi procesamiento de la información es ahora más lento, por lo que pensé que ya que no podía verlo en cámara lenta me encantaría ver de nuevo el espectáculo y poder captar muchas más cosas.

Por desgracia no tenían en cuenta ayer a las personas con discapacidad en la reducción del precio para las entradas. Y además de reclamar esto yo me atrevería a proponerles el que nos dejaran repetir el espectáculo otro día a personas con DCA, para poder procesar más información. ¡Seguro que nos permiten una promoción 2×1!.

Más tranquila he pensado que seguro que a otras personas sin DCA les pasaba el no haber interiorizado todas las escenas, que no consiguen atención plena y que tanta auto-observación está pudiendo conmigo. ¡Necesito unas vacaciones de mí misma!

 

Reseña profesional del libro – Carla A. Carvalho Gómez

Reseña de “El Daño Cerebral Invisible”. Escrita por Carla A. Carvalho Gómez. Graduada en Psicología. Formación de Postgrado en Neuropsicología. Docente en Instituto Europeo de Neuropsicología y en la Universidad CEU Cardenal Herrera. Fundadora y Directora de Hablemos de Neurociencia

El libro Daño Cerebral Invisible de Aurora Lassaletta llegó a mí, como se suele decir, de pura casualidad. Me encontraba realizando un pequeño curso sobre Daño Cerebral Adquirido para el Instituto Europeo de Neuropsicología cuando de la nada apareció el libro de Aurora. Recuerdo que el título me impactó tanto que, sin apenas pensarlo, dejé todo lo que estaba haciendo y comencé a investigar sobre él y, como no, la autora.

Topé con su web y comencé a leer todo lo que en ella había recogido. Cada post me sorprendía más que el anterior, no sé cuántas horas pasé navegando por este portal.

Sin pensarlo decidí comprarme el libro. Si, soy de esos afortunados que tienen una primera edición entre sus manos. Apenas tardé un par de días en leerlo y es que, bajo mi punto de vista, la historia de Aurora es una historia de superación de esas que pocas veces se cuentan.

Y ahora, con el libro en mis manos, por fin comprendo muchas de las cosas que mis profesores trataron de explicarme durante mis años de carrera y ahora yo trato de transmitir a mis alumnos; y es que en muchas ocasiones los déficits que sufren las personas con Daño Cerebral Adquirido pocas veces se pueden explicar con palabras.

¿Cómo vas a explicar a tus alumnos qué es un déficit atencional, si todavía en el siglo XXI siguen existiendo dudas de lo qué es y no es la atención? Y ya, si nos metemos en el terreno de las Funciones Ejecutivas, la cosa pinta tremendamente oscura. Sin embargo, con el libro de Daño Cerebral Invisible muchas de estas dudas pueden ser solventadas ya que Aurora describe a la perfección muchos de los déficits que sufren estos pacientes.

Pero aquí no acaba todo. Quizás y, el más importante aspecto del libro es que éste está redactado en primera persona, siendo Aurora la protagonista de su propia historia, quien sin comerlo ni beberlo, como consecuencia de un grave accidente de tráfico el pasado 2005 sufrió el terrible y tan prevalente en nuestra sociedad Daño Cerebral Adquirido.

Además, su experiencia en el terreno clínico sirve para saber poner a cada cosa su nombre, sin pie a las interpretaciones; pues antes del fatídico suceso Aurora Lassaletta desarrolló su trabajo como Psicóloga Clínica (vía P.I.R) en múltiples dispositivos de Salud Mental; lo cual resulta un aspecto esencial y clave para comprender las alteraciones cognitivas que acompañan a los Traumatismos Craneoencefálicos; subtítulo de su obra.

¿Y no estamos hartos los profesores de decir a nuestros alumnos que el trabajo del neuropsicólogo es un trabajo de campo? Un trabajo del campo hospitalario, de consulta, de gabinete, etc. Un trabajo alejado de despachos y aulas; porque la verdadera Neuropsicología, como decía Pablo Duque durante mis clases de postgrados, se aprende acompañando al paciente en su día a día, así de simple. Tan simple que, por más sencillo que parezca a veces olvidamos.

Con este libro, bajo mi perspectiva, podrás acercarte a este campo del que antes hablaba y te permitirá estar un paso más cerca de la realidad de pacientes y familiares con Daño Cerebral Adquirido, alejándote de las extensas teorías entorno a esta patología.

Por lo tanto, si tu objetivo es seguir creciendo como alumno y, como no, como profesional del campo, os animo a lectura de este libro, el cual estoy segura de que no os defraudará y os permitirá seguir aprendiendo acerca de este apasionante mundo como es la Neuropsicología.

Lo esencial es invisible a los ojos del hombre

El Principito

APRENDER A DISFRUTAR DE LAS VACACIONES DESDE MI “NUEVO YO”

Este año estoy disfrutando más de las vacaciones que en los últimos años, en los que las vacaciones también llevaban para mí un componente de estrés importante. Y es que este año me lo he propuesto como un reto: “ disfrutar de las vacaciones”. Puede sonar raro desde fuera, porque las vacaciones son para disfrutar, y si le cuento a alguien externo lo que hago en vacaciones nadie, en un principio, puede entender por qué no disfruto. Pero lo de disfrutar tiene que ver, como casi todo en este proceso, con la aceptación. Cuanto más acepte mi nuevo “yo” más voy a disfrutar. Preciosa suena la teoría… Pero esto también supone un trabajo.

 

Planificar, tener en cuenta la saturación por ruidos, recordar que no soy capaz de tener atención dividida, no olvidar mis lesiones físicas, la hipersensibilidad al ruido y a la luz, organización de la vida diaria, comidas y ritmos en un entorno nuevo, convivir con mi cansancio…

 

Las vacaciones ahora tienen otros elementos nuevos que tengo que tener en cuenta: anticipar, encontrar herramientas que vayan a suplir algunas situaciones difíciles, estar física y emocionalmente preparada para momentos estresantes y sobre todo practicar mucho la herramienta del “ZOOM”. No ver el detalle negativo como un todo, sino practicar el tomar distancia, acordarme todo lo positivo que tengo y que hay en la situación y volver a valorar.

 

Antes me apuntaba a un bombardeo. Si me decían: “A que no te vienes conmigo mañana en coche a recorrer Europa con un saco de dormir, un aislante, y una mochila pequeña” yo decía: “¡Voy!”. Es verdad que ahora tengo más años y la espalda un poco tocada para dormir en el suelo, pero la actitud subyacente sigue existiendo en mí. ¡Quién me iba a decir que ahora necesito las rutinas!. Sin embargo ahora es muy diferente. Soy otra, y cuanto más lo tenga presente más voy a poder disfrutar de la situación. 

 

Ahora tengo que anticipar qué equipaje voy a necesitar y prepararlo con listas o con antelación, porque ya no tengo esa capacidad de improvisación que tenía antes. Así que ese primer impulso tiene que ir acompañado de una previsión, lo cual es contradictorio. Impulso y previsión no pueden ir juntos. Conclusión: tengo que planificar mis vacaciones. Es verdad que seguramente lo tendría que hacer de todas maneras porque ahora tengo una familia, pero la obligatoriedad de la anticipación es lo que hace que tenga más peso para mí.

 

Me subo al coche y en seguida aparece mi limitación de no conseguir la atención dividida. Los demás ponen música y además quieren hablar al mismo tiempo. Esta situación que normalmente me produce tensión y que me agota ahora la tengo asumida. Les digo a los demás que luego hablaremos, me pongo tapones en los oídos para hacer el viaje tranquila y si necesitan que haga de copiloto les pido que quiten la música. ¡Primer paso del viaje resuelto con menos tensión que otros años!

 

Hay que hacer una parada. Me doy cuenta de que las áreas de servicio en carretera están más adaptadas a las personas con dificultades en la movilidad que hace años. Pero, ¿alguien se ha dado cuenta de que hay otras limitaciones, más invisibles, que nos afectan a muchos y que no se tienen en cuenta?. Me refiero al ruido ensordecedor que hay en las cafeterías, comedores, de voces altas, tazas chocando, cuchillos golpeando el plato… y todo en un monoespacio…., una luminosidad excesiva, demasiados estímulos muy intensos a la vez.  Este año lo estaba pasando tan mal tomándome el bocadillo de mitad de camino en uno de estos sitios que en vez de enfadarme y ponerme nerviosa decidí una vez más desconectarme sacando mis tapones de los oídos, sonreír a la familia, y refugiarme en mis pensamientos interiores. Pensé en llevarme el bocadillo fuera, pero hacía demasiado calor y además el ruido de la autopista cercana tampoco me ayudaba. ¡Segunda etapa superada!

 

Llegada a la casa de vacaciones. Por suerte ahora yo soy la primera que pruebo todas las camas y elijo. Tanto yo como los de alrededor sabemos que es mejor evitar que los dolores de espalda empiecen. Y sé que voy a dormir menos por los ruidos, que seguramente haya más luminosidad y tenga que compensarla…

Y me guste o no ahora no puedo llevar, como antes, toda la organización de la casa, las comidas. Y tal vez haya momentos de cansancio en que ni siquiera se me ocurran comidas. Este año llevaba preparada una lista a la que recurrir en momentos de saturación Y también llevaba más aceptada esta limitación y los de alrededor. Íbamos a compartir las vacaciones. A lo mejor no tengo tanto espacio privado en el que refugiarme como en casa, lo tendré que asumir, a lo mejor no hay lavaplatos y todo es más cansado. En el reparto de tareas yo tendré que elegir las que sean por las mañanas, porque luego todo me cuesta más.

 

En medio de momentos más difíciles también ha habido muchas risas, momentos de paz, imágenes bonitas y un poco de mejor humor por mi parte. Y en momento de crisis ¡acordarme de la herramienta del ZOOM!

 

Contado de cerca podéis entender que nos cueste un poco más ahora disfrutar de las vacaciones. Es verdad, este año planteándomelo como objetivo he disfrutado más, y ahora… ¡tengo que descansar de ellas!.

 

Ahora sé que cuando llegan las vacaciones no tengo que pensar que en cualquier momento “el monstruo viene a verme”, como el título de la película, sino que me voy a preparar bien para ir yo, con mi nueva identidad, a ver al monstruo y no voy a invitarle a mi casa.

 

 

 

LA IMPORTANCIA DEL GRUPO TRAS UNA LESIÓN CEREBRAL ADQUIRIDA

Como psicóloga clínica siempre he creído en el increíble potencial de los grupos. Ahora, creo aún mucho más en la importancia de los grupos para personas con DCA, como yo. Me lo confirman tanto mi experiencia personal como mi experiencia como psicóloga con grupos de apoyo.

Foto: Álvaro Lassaletta

Cuando uno sufre una lesión cerebral súbita, inesperada, siente que su vida se tambalea y todo se desestructura. Nuestra vida cambia radicalmente en un segundo. La nuestra y la de los que nos rodean.

Tras este primer impacto hay un largo proceso de recuperación y de aceptación, que yo conozco muy bien personalmente y cuya experiencia me motiva a acompañar a personas con daño cerebral adquirido a lo largo de este camino.

Al principio de este viaje es muy normal sentirse solo. En muchas ocasiones pensamos que no vamos a ser capaces de superar las nuevas limitaciones a las que nos vemos expuestos de forma súbita y también sentimos que nadie a nuestro alrededor entiende realmente lo que nos pasa. Al encontrarnos en grupos de personas con DCA con otros que están atravesando una travesía similar empezamos a darnos cuenta de que no estamos solos, y eso nos tranquiliza. Al empezar a rodar en grupo empezamos a ser conscientes de que todos compartimos muchas emociones y sensaciones opuestas que conviven, como la frustración, la tristeza, la alegría de estar vivos, la ilusión de ir superando retos diarios.

En los talleres que he coordinado, con personas con DCA, ya sean talleres de aceptación, de adaptación a los cambios, de formación para inclusión sociolaboral, me he encontrado con que los participantes me transmiten después de un tiempo un sentimiento de alegría por trabajar en grupo. Poder compartir su experiencia, sus avances, sus emociones, sus frustraciones, sus herramientas con otras personas que están en situación similar y aprender de las de los demás enriquece. Y sentir que se trabaja en equipo, que la lucha es conjunta, motiva.

A muchos, en algún punto del camino de recuperación, nos invade una sensación de que ya no pertenecemos a nuestros grupos de antes. Nos puede pasar incluso en el grupo familiar, cuando han cambiado los roles. También con el grupo de amigos, -tal vez no podamos salir tanto con ellos porque nos cansamos enseguida-, con los antiguos compañeros de trabajo, el cual no hemos podido retomar…

 

Esta sensación de no pertenencia es difícil de encajar, por lo que reunirse con otras personas con DCA y de repente sentir que perteneces de nuevo a un grupo. Encontrarme con otros que están “escalando las mismas montañas” que tú es muy liberador. En los grupos además de perseguirse objetivos terapéuticos para mí es fundamental el clima de confianza y relación que se crea. El objetivo de la cohesión del grupo para un mejor trabajo de equipo es importante.

 

Aunque yo sea la coordinadora me siento muy identificada con lo que pasa en el grupo. Yo también atravieso, en muchos momentos, las mismas emociones que se comparten, en mi también conviven muchas sentimientos contradictorios que surgen a lo largo de este largo y arduo camino de adaptación a los cambios. Y me alegro de corazón de los avances y de los retos superados por los participantes del grupo, al igual que comparto los míos. Yo salgo feliz después de coordinar un grupo, al que también siento que pertenezco.

Foto: Álvaro Lassaletta

 

 

Artículo publicado en el boletín de junio de 2018 del CEADAC (pincha en el enlace para verlo)

http://www.ceadac.es/ceadac_01/indocu/servicios_referencia/documentacion/boletin_novedades_centro_recursos/2018/b80jun2018/index.htm

La atención a los menores cuando hay un DCA en la familia

http://semanal.cermi.es/noticia/reportaje-Atenci%C3%B3n-peque%C3%B1os-da%C3%B1o-cerebral.aspx

 

Rescato este artículo que publicó CERMI hace unos años sobre la atención a los menores cuando alguien en la familia sufre una lesión cerebral. Me parece muy importante subrayar la importancia de la mirada y la atención a toda la familia cuando alguien sufre un daño cerebral súbito. Ojalá en España podamos llegar a tener un modelo de atención socio-sanitaria global, como tienen en el Reino Unido. Cuando alguien sufre un daño cerebral en una familia toda la familia sufre un daño cerebral y hay que atender a cada persona. Todos sufren el impacto, el cambio de roles, el cambio de proyecto de futuro. Y en mi opinión la aceptación ha de trabajarse tanto con la persona afectada como con toda la familia.

No se me ocurre un “Plan B”

Desde hace unos días vengo observando con más atención esta nueva “rigidez mental” que me deja bloqueada en muchas situaciones, sobre todo en las que la rapidez mental sería imprescindible.

Esto me ha hecho recordar lo resolutiva que era antes. Sobre todo mi capacidad para improvisar nuevos caminos para las cosas.

 

Y ahora siento que no se me ocurre un “Plan B”. Se me ocurre siempre la misma solución de forma repetitiva y rígida para las cosas. Y me cuesta verme así. Cuando me veo  me parece estar viendo a una persona inflexible, muy mayor y con poca posibilidad de cambio. Después, con un poco más de tiempo y distancia, me doy cuenta de que esta rigidez mental y la dificultad para tomar decisiones rápidas y nuevas tiene que ver con la lesión cerebral y me trato un poco mejor a mí misma.

 

Me ocurre en momentos en los que tengo que decidir una comida o cena familiar o con amigos que no esté planificada de antemano. La primera vez que se me ocurrió una alternativa rápida como “espaguetis carbonara” mis hijos estaban encantados. A los 10 días me volví a encontrar con la misma situación de tener que improvisar la cena y se me ocurrió de nuevo ¡espaguetis carbonara!. Uno de mis hijos dijo: ¿Otra vez?. Pero la tercera y la cuarta vez en la misma situación cuando vi que solo se me ocurría como Plan B espaguetis carbonara, además de llevarme varias críticas por parte de mis hijos me di cuenta de que pasaba algo. Entonces reuní a mi familia y les dije lo que me pasaba. También les dije, por supuesto, que no admitía ninguna crítica sin que ofrecieran ellos alternativas. A esto mi hijo pequeño sugirió que podría hacer una quiche de jamón y queso, que les encanta. Me pareció muy buena sugerencia y en la siguiente ocasión tiré de ella y preparé una quiche de jamón y queso, que tuvo mucho éxito. Pero poco a poco ese plato se ha convertido rígidamente en el Plan B por excelencia y ya empiezo a escuchar: ¿Otra vez?.

 

Igual que para comprar ropa. Si tengo prisa, si no estoy súper tranquila o no lo he planificado antes me he llegado a comprar tres pantalones iguales, porque en ese momento tampoco se me ocurren alternativas o variaciones posibles.

Cuando me encuentro con mi sobrina, a la que le encanta la música, y me pide que le cante solo se me ocurren las mismas dos canciones siempre. Y mis amigas antes me llamaban la “enciclopedia musical” porque me sabía todas las canciones y se me ocurría siempre un repertorio para cantar toda la noche  al lado de las guitarras.

Y la rigidez mental es más aguda aún cuando estoy nerviosa discutiendo con uno de mis hijos y no se me ocurren alternativas de límites o no soy capaz de tomar una decisión rápida y eficaz.

 

Me doy cuenta de que si estoy tranquila, sin otra tarea a la que atender, como ahora mismo, se me ocurre una lista de comidas posibles: pollo en salsa, salmón fresco con arroz, garbanzos con verduras, puré de verduras, tortilla de patata, macarrones con carne y tomate…, al igual que se me ocurren distintas formas de vestir, o puedo acordarme de la lista de canciones de algunos de los discos de mis cantantes favoritos. Y seguramente podría pensar teóricamente la mejor manera de educar a los hijos y los límites necesarios. Sin embargo en el momento de la verdad, cuando necesito reaccionar de forma espontánea rápida y eficaz ¡no se me ocurre un Plan B!. Es como si no tuviera acceso a la información que sé que tengo dentro, porque el acceso está bloqueado.

 

Pensándolo despacio me doy cuenta de que está relacionado con varias cosas: con la atención, con la memoria o el acceso a la información, con los procesos cognitivos de toma de decisiones, de producción de ideas, de flexibilidad mental… Y estas limitaciones se presentan sobre todo cuando hay cierta presión de tiempo o tensión en el ambiente. Ahí el bloqueo aumenta. Es curioso, es como ser dos personas diferentes, más bien tener dos mentes diferentes, la de los momentos tranquilos en diferido y la del directo. Y no hablo de grandes cosas, como una entrevista de televisión en directo -que le pondría nervioso a cualquiera-. Hablo de situaciones del día a día que quiero resolver de forma espontánea y dinámica como antes y no consigo.

Tengo que buscar nuevas herramientas para no llegar a bloquear el acceso a la información o para si ya se ha bloqueado conseguir desbloquearlo. ¿Os pasa esto también?. Cualquier herramienta que conozcáis y podáis compartir es bienvenida.

 

 

 

 

 

La falta de conciencia corporal

Foto: Álvaro Lassaletta

He querido llamar a este post “falta de conciencia del cuerpo”, diferente a la falta de sensibilidad que puede que tengamos, además, algunas personas con DCA.

He estado todo el fin de semana auto-observándome en este aspecto y aunque suene contradictorio cada vez soy más consciente de la falta de conciencia corporal.

 

Mi cuerpo ahora no sabe calcular la distancia exacta del mismo a un objeto o una persona. El resultado de esto es que me choco frecuentemente con las cosas o con los otros. No de forma descarada, sino sutil. No me choco cara a cara sino que me choco con la esquina de la pared cuando voy a girar por el pasillo, o con el final del seto cuando estoy caminando, o con la mano de una persona cuando voy por la calle, o con el picaporte del armario o de la puerta si me levanto a oscuras por la noche para ir al cuarto de baño. Me he dado cuenta de que a oscuras normalmente también sabemos calcular nuestra distancia de las cosas en un recorrido conocido, como es el que realizo casi todas las noches. Y me doy cuenta de que el cerebro no calcula nada bien ni con luz ni sin luz. Gracias a darme cuenta de que pasa en la oscuridad me doy cuenta de que es el cerebro y no son mis ojos.

 

Muchas veces me hago daño en estos choques. Ayer me di un buen golpe en la mano con la esquina de la mesa del salón al ir corriendo hacia la puerta cuando sonó el timbre. Y hoy me he chocado con la uña larga y afilada de una señora mayor por la calle, que por cierto me ha mirado como enfadada, porque no entendía mi choque. Todo en la misma mano. Pequeñas tonterías sumadas.

 

Otra de las cosas que noto es que se me caen mucho las cosas de las manos. Más de lo normal, y mucho más si me comparo conmigo misma antes del DCA. Después de enfadarme mucho conmigo misma por atribuir esto a un descuido me he empezado a dar cuenta de que tiene que ver también con la conciencia corporal. Es como si no supiera exactamente dónde empieza el cuerpo y dónde termina, los límites no están claros. A pesar de esta explicación me sigo enfadando cuando se me cae el móvil al suelo por decimotercera vez en la semana. La última caída ha tenido consecuencias duras para mí porque como consecuencia de la misma se me ha estropeado definitivamente el botón de silenciar el móvil.

 

La forma de resolver, o más bien compensar, esta falta de conciencia corporal: una vez más, la atención plena. Si estoy con mucha conciencia y con mucha atención puedo poner atención visual a la distancia y me separo un poco más, por si acaso. Pero es difícil estar plenamente consciente y atenta todo el rato, sobre todo es agotador.

 

Y me gustaría saber si eso os pasa también a otras personas con DCA, y si os pasa conocer las estrategias que usáis para compensarlo.

 

 

El manejo del tiempo en el DCA

El manejo del tiempo es una habilidad de la vida diaria que está “tocada” en muchas personas con DCA. Este tema aparece muchas veces en nuestra conversación. Por eso me he parado a intentar ver qué es lo que me pasa a mí ahora con el tiempo.

Yo nunca he sido súper puntual, pero antes era más consciente de que me retrasaba 5 o 10 minutos. Podía además acelerar si me despertaba más tarde o quería hacer más cosas antes de salir de casa.

Ahora mi principal limitación no es solo el manejo del tiempo, sino la falta de conciencia de ello. Me pasa una y otra vez que realmente me creo que voy a llegar a tiempo a un sitio, y mi pensamiento no es nada realista. Llego tarde sin conciencia.

Sería como una “anosognosia del manejo del tiempo”, o más bien de las nuevas limitaciones que hacen que lo maneje peor, como son la lentitud en prepararme y reunir todas las cosas para salir de casa, las funciones ejecutivas. También interviene la memoria, para calcular el tiempo en llegar a un sitio debería calcular también el tiempo de volver a casa porque se me han olvidado el móvil o las gafas de sol o las llaves del coche o la carpeta que llevo a mi actividad. Aunque todo eso tiene que ver también con la atención.

Cuantas más cosas quiero hacer durante el día que requieran de un horario definido y que supongan una hora concreta a la que llegar peor se me da el manejo del tiempo. Mejorar o compensar esta limitación depende una vez más de tener atención plena. Me guste o no, ahora no puedo hacer como antes cuando muchas veces salía de casa mientras hablaba por teléfono y a la vez que mantenía la conversación era capaz de acordarme no solo de coger todas las cosas que iba a necesitar sin olvidar ninguna sino además al mismo tiempo descongelar algo para la cena, hacer la cama en un momento, despejar el salón y dejar una nota para los de casa.

Creo que, una vez más, tiene que ver con el manejo de la frustración que me supone no ser la súper rápida y organizada de antes. Un pequeño duelo más, que si tengo más asumido me ayuda a no tener que lidiar con el estrés e impotencia que me supone llegar tarde intentando no llegar tarde y no conseguir convertir media hora en una gymkana eficaz y operativa como hacía antes. Ahora tengo que dedicar para lo mismo una hora o incluso hora y media. Y claro, el tiempo es limitado. Ahora me da tiempo a hacer muchas menos cosas a lo largo del día y todas con atención plena. Aunque es agotador es mucho mejor ser consciente de esta necesidad para no añadir más emociones negativas.

Para sonreír y poder verle el lado positivo a mi nuevo manejo del tiempo suelo pensar que hay muchas personas que se pagan cursos muy caros para conseguir lo que las personas con DCA hacemos porque no nos queda más remedio, pocas cosas al día con atención plena y con conciencia.